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| 22 de Diciembre de 2003 | |||
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El título del Clausura se vistió de naranja en la ruca Monumental. Loínos celebran su segunda estrella del año ¡Cobreloa, bicampeón del fútbol chileno!
Cuando mayoritariamente se apostaba a Colo Colo, que definía la doble final en su reducto, con su público, Cobreloa mostró los atributos que lo consolidaron finalmente como el mejor equipo del año. No es casualidad la consecusión de los dos títulos del año: El Apertura y el Clausura. El conjunto loíno cedió la iniciativa a su rival, que cayó en la trampa. Levantó una férrea muralla en su sector defensivo, en la que se estrelló toda la tarde Colo Colo, sin claridad para provocar los espacios que le permitieran inquietar al solvente Nelson Tapia. El Cacique tuvo la oportunidad más clara en el primer tiempo cuando Manuel Neira enfrentó sólo a Tapia y careció de la clase necesaria para enviar la pelota a la red, sin desmerecer el buen achique del portero naranja. Parecía que el lapso inicial concluiría a cero, pero un condoro de marca mayor en el sector defensivo de los albos, a los 40 minutos, posibilitó la apertura del marcador. Un lanzamiento libre desde el borde del área grande en el límite con la línea de fondo, lanzado por Mauricio Dinamarca, el portero Jaime Bravo salió a vender cancioneros y apareció sin marca el central Luis Fuentes para meter el frentazo. El dueño de casa sintió la estocada. Jaime Pizarro buscó mayor potencial ofensivo con el ingreso de Fierro por Millape, en el inicio de los segundos 45 minutos y luego mandó a la cancha a Leal por Villaseca. Pero Colo Colo continuó sin claridad, insistió en centros sin destino, mientras Cobreloa, fiel a su estilo, esperó y desgastó a su adversario. Los albos continuaban apelando más al coraje que al fútbol, pero chocaban una y otra vez con la defensa o el portero naranja. Hasta que llegó el balde de agua fría cuando Jaime González enchufó la segunda pepa loína, a los 70 minutos. Colo Colo consiguió el gol del honor a los 81' mediante Silvio Fernández, pero no fue suficiente. Cobreloa no se dejó sorprender nuevamente y se alzó como un legítimo campeón. Los loínos celebraron y dedicaron el título al "Guatón" Garisto, mientras los seguidores albos lloraban su frustración. Es que duele mucho más perder un título en la propia ruca.
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