- ¡Oiga, yo también estoy chorreando odio! ¡Grrrr...!
- Chuta, ¿qué les pasó que andan tan gruñones?
- ¡Con razón, poh! El otro día iba en un bus del recorrido 212 Maipú-Ñuñoa, y el cocheropare paraba en todas partes, incluso donde no les correspondía. Y cuando quise bajarme, el estúpido fue a dejarme a tres cuadras. Más encima, me agarró para el tandeo.
- ¿Sin ni un respeto?
- ¡Naaada! Llamé al 133, que no atendió nunca, así que llegamos discutiendo hasta la plaza de Maipú, donde había un carabinero ordenando el tránsito. Aquí lo amarro, dije yo, pero el verdoso sólo tomó la versión del micrero y a mí ni me pescó.
- Por ofuscado, seguramente.
- ¡Pero si así no son los procedimientos, pues! ¡Mínimo tiene que escuchar a las dos partes! En resumen, lo dejó ir y yo perdí tiempo y me hice mala sangre por las puras. ¡Cómo no voy a estar indignado! ¡Grrrr...!
- Guatón, tómate un armonyl.