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| 11 de Diciembre de 2003 | |||
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Lo emboscó cuando regresaba a su hogar: Policía investiga ajuste de cuentas por lío de faldas Pistolero liquidó de tres balazos a guardia de seguridad bancario Manuel Vega O A las 22.30 horas del martes pasado, Ramón Ahumada Guajardo (48) se bajó de un bus y comenzó a caminar en dirección a su departamento, ubicado en el bloque de viviendas Nº 597 de la avenida General Manuel Tovarías, en la comuna de El Bosque. El compadre trabajaba en un banco de Vitacura y, según las malas lenguas del barrio, tenía serios problemas familiares. "El hombre zapateaba en dos fondas al mismo tiempo y tenía mala llegada en ambas sucursales. Aquí todos conocían su atado porque su legítima esposa, que es medio inválida de la pierna derecha, por lo cual se mueve en silla de ruedas, se lo ha contado a todas las comadres que la han querido escuchar", dijo a La Cuarta uno de los ex vecinos del occiso. "Yo estaba comprando cigarrillos en el quiosco de la esquina cuando escuché tres disparos y vi caer a don Ramón mientras dos muchachos arrancaban por Avenida Los Morros hacia el sur. Me acerqué a prestarle ayuda y observé que todavía se movía. Tenía dos impactos de bala en la cabeza y uno en el pecho. Había tratado de cubrirse el pecho con su portadocumentos y en la mano derecha apretaba su celular. No fue un robo, lo mataron porque había que matarlo no más. Estuvo como media hora tirado sobre el pavimento. y después se lo llevaron al Hospital Barros Luco, pero falleció en el camino", dijo un testigo que observó todo a menos de 30 metros de distancia. "Vi que se le acercaron dos gallos y uno de ellos le pidió que le diera la hora. Este caballero se inclinó sobre el reloj y en ese instante el asesino le puso dos tiros en la cabeza, secos. Cuando cayó al suelo le pegó el tercero en el pecho y huyó", relató otro cabro que también presenció la ejecución. "Para mí que eran patos malos del 'Refugio Mekano' que a veces se dejan caer por estos lados a cogotear", explicó el mismo testigo, refiriéndose a una caleta de drogos que funciona en una plaza de la vecina población Bonilla. "Cuando su señora llegó hasta la esquina y vio cómo don Ramón se desangraba, casi le dio un ataque y comenzó a gritar como loca ¡Esa huevona lo mandó a matar!'", recordó el testigo.
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