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| 08 de Diciembre de 2003 | |||
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En Costa Rica piden condena de 35 años de cárcel para malditos que maten a una Eva porque sí... ¿Y en Chile? Femicidio: Silenciosa muerte de mujeres (Viviana Fainé Brath)
Y es que cuando todo hacía presagiar que con este paso el Estado costarricense sería el primero en el planeta en establecer como un crimen con todas sus letras la muerte de una mujer por razones de género, o sea por el solo hecho de ser tal, todo se funó, y se entrampó así una aspiración consagrada en la Convención Interamericana para prevenir y erradicar la violencia a las mujeres, ratificada por un lote de países, entre ellos el nuestro. En Chile la Ley de Violencia Intrafamiliar ha venido a ocupar ese sitio, a pesar de que ambos problemas son distintos. El femicidio se trata de que un hombre maltrata a una fémina hasta su muerte, valiéndose de su supuesta superioridad. Así, maridos sobre sus esposas, padres sobre sus hijas, jefes sobre subalternas o pretendientes sobre sus pololas, se creen con derecho a manipularlas, exigirles y agredirlas. Para la caperuza del Centro Feminista de Información y Acción Femenina de Costa Rica, Ana Carcedo, si bien el dramón ocurre en todas partes, ha sido invisibilizado de tal manera que casi se advierte como natural que el hombre abuse de la mujer en una relación. Es decir, la violencia que hay en la pareja, los pololos y la familia, se tapa, es olvidada y no constituye alarma, a pesar de que se trata de hechos tan espeluznantes como el del cónyuge que por celos quemó viva a su media naranja y luego volvió para cerciorarse que el combustible con que la había rociado era suficiente. "El femicidio, que es la violencia contra la mujer por ser mujer, nos discrimina, el hombre se pone sobre la mujer y ocurre dentro y fuera de la familia. En Costa Rica incluye la violencia doméstica, la sexual, los pretendientes y clientes de trabajadoras sexuales", asevera Carcedo. Según investigaciones realizadas por el equipo que lidera, en la década del '90 la gran mayoría de los crímenes que involucraron a las mujeres fueron femicidios. De otros nada se sabe, porque la agresión en este contexto es ocultada o ignorada, como si no revirtiera gravedad. Una joven a punto de ser degollada por su esposo o una mujer que es golpeada hasta el cansancio por un vecino que la cortejaba, son algunos casos que ameritan la dictación de una ley específica para este delito, a juicio de Carcedo. Más todavía cuando asegura que en Centroamérica los hombres agresores usan las leyes de violencia intrafamiliar en contra de las propias mujeres. "No hay que confundir violencia intrafamiliar con violencia contra la mujer; ésta implica relaciones de poder, es una que ocurre en un espacio, hombres que maltratan a mujeres, no así un niño que grita a su padre, que no es igual a un padre que está violando a su hija", subraya. Sobre todo, advierte que las leyes genéricas son muy peligrosas.
Tasas escalofriantesLa historia de mujeres aporreadas y castigadas hasta morir en todos los países es similar. No obstante, llevar estadísticas es difícil, ya que existe un subregistro. A modo de muestra, el femicidio en Estados Unidos el altísimo, al punto que en 15 años era casi el mismo que el número de soldados fallecidos en Vietnam: 4 mil al año.A esta escalofriante realidad contribuye la cultura y creencia de que los hombres prácticamente son los dueños de la mujer. "Para los agresores se les violenta un derecho si se impide controlar y violentar a la mujer. La inmensa mayoría de las veces es porque ella salió con otro", alerta Soledad Rojas, coordinadora de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual. En este ámbito es que -asegura- el hombre luego de casado experimenta un salto cualitativo, marcado por el inicio de las relaciones sexuales. Así, hay una escalada de violencia siendo el momento más peligroso el de la ruptura con el agresor, cuando éste pierde el control y siente que su compañera se le va de las manos. Entonces, para ambas especialistas, la reconciliación es poner en riesgo peligrosísimo a la víctima. Por ello, los consejos apuntan a que la mujer esté siempre acompañada y denuncie si hay intentos de golpes.
Emancipación, ¿un salvavidas?En opinión de Ana Carcedo, la incorporación al mundo laboral de las mujeres, lejos de detonar esta enfermiza reacción de los machos, ha conseguido que escapen de las garras energúmenos en potencia. De hecho, no ha habido aumento de femicidios en una década, lo que significa que hay un sustrato de control que es el meollo del asunto. De allí que al hilar más fino es posible determinar que el femicidio se mantiene en una constante, afectando a clases posicionadas como a la dueña de casa.Para Carcedo, si hay más recursos subjetivos, emocionales, naturales y sociales, y los gobiernos se comprometen a proteger a las mujeres mediante una normativa específica, se están salvando vidas. Hace unos años, tras una conciliación obligada de jueces, una joven mujer regresó a su hogar. Bastó que un gesto molestara a su pareja para que la agrediera. Intentó llamar a la policía desde su casa, pero el teléfono estaba cortado. Corrió a una cabina en la calle, y cuando trataba de establecer contacto, fue degollada por el hombre. Desde ese momento, se prohibieron los juicios conciliatorios en Costa Rica. De este tono son las miles de historias que oculta un femicidio. Chile no está ajeno a esta vergonzante situación: En 1999, en Conce, la universitaria Alejandra Araneda fue asesinada a mansalva por Víctor Sepúlveda, luego que lo denunciara por las agresiones de que era víctima, mientras que tres años más tarde, siete lolitas fueron violadas y asesinadas en Alto Hospicio. El tema es sensible, y en las autoridades está el establecer mecanismos de protección y sacar de la oscuridad un problema que llama la atención sobre todo por la impunidad de los agresores.
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