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| 08 de Diciembre de 2003 | |||
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Autores del atentado contra la propiedad ajena eran hinchas de la Cato que rumiaban su derrota Acusó a deficiente mental de romperle espejo retrovisor y lo ultimó a balazos (Manuel Vega O.)
Este caso, que demuestra que en nuestra sociedad hay personas que le asignan más valor a su auto que a la vida humada, ocurrió cerca de las 2 de la mañana en Pasaje Madeira, casi esquina de Arturo Prat, cuando el joven Michell Contreras Monsalve (29), junto a su hermana Rina y su madre María Angélica, regresaba a su hogar, una humilde vivienda ubicada en la calle Vargas Salcedo Nº 1538, luego de haber pasado la tarde en la residencia de familiares más pulentos. Quiso la mala suerte que poco antes un grupo de desadaptados de la la villa vecina -patitas con tierra como el Oso Navas, pero hinchas de la Cato al fin y al cabo- pasara por esa calle rumiando su derrota ante el Colo y, para acumular puntos por algo, rompiera el espejo del vehículo de un siniestro personaje que estaba de visita pero que la lleva -según supo La Cuarta- en el sector de San Pablo. Juan Manuel, tío de la víctima, dijo que el cabro era un pan de Dios, incapaz de quebrar un huevo, y que trabajaba envasando harina en una tostaduría para ayudar a su familia. "Iba caminando, delante de su madre y de su hermana, cuando el sujeto salió desde la casa, que está ubicada frente al número 1060, y sin siquiera santiguarse sacó un revólver y le pegó dos balazos. ¡Es que no puede ser posible, mi señor, que ande gente así en la calle. Nadie está libre de caer en manos de semejante enemigo público", declaró el tío en medio del pasaje, mientras familiares llamaban a la Brigada de Homicidios porque los amigos del asesino estaban cargando un camión con sus muebles para echarse el pollo del barrio. Tras recibir la andanada de balazos, Michell fue trasladado hasta la posta local, pero falleció víctima de su heridas. Cuando llegaron hasta el lugar los polis, los amigos de asesino dijeron no recordar su nombre ni su dirección. "Llegó hasta aquí porque es amigo de un amigo. Se puso con el copete y el asado, pero nunca, por deferencia y buenos modales, le preguntamos cómo se llamaba. En esta casa se vive a la antigua, así que no podemos ayudarle. Perdone que le cierre la puerta en la narices, señor periodista, pero en este barrio hay mucho pato malo", dijo una señora cuando La Cuarta, la inquisitiva, trató de averiguar quién mató al Michell. Buscando mayores antecedentes, fuimos al domicilio de Vargas Salcedo Nº 1538, pero allí sólo estaba el padre de la víctima, don Juan, quien nos dijo que no tenía idea de lo que le había pasado a su cabro la noche anterior. ¡Crónicas de la pobla, cabros estudiantes de periodismo! |
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