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| 11 de Noviembre de 2003 | |||
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Toda la técnica y el talento de ilustradores españoles es grosa exposición de Biblioteca Nacional La imaginación no tiene fronteras
Una muestra de estas maravillas que adornan libros infantiles y juveniles estará abierta al público hasta el 28 de este mes en el Salón Fundadores de la Biblioteca Nacional. Denominada "A todo color", es una exposición de más de 200 ilustraciones, correspondientes a 75 caperuzos españoles, que da cuenta de una de las gracias de esta singular convivencia entre plumas y pinceles: El de fomentar la lectura desde la más tierna infancia. Según Clara Budnik, dire de la Dirección Nacional de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), meter a los pergenios en la lectura, sobre todo en lugares pobletes, constituye una aspiración en la cual textos ilustrados como los de la exhibición contribuyen caleta, además de brindarles la posibilidad de soñar, un derecho que no siempre pueden cumplir por las pellejerías de su entorno. La movida, obra del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de la Madre Patria, con colaboración de la Organización Española para el Libro Infantil y Juvenil y el respaldo de la propia Dibam, es un atracón del talento, expresividad y fantasía. De formato itinerante, contempla dibujitos de artistas de la talla de Juan Ramón Alonso, Primer Premio Nacional de Ilustración en 1994; Pablo Amargo, Premio Lazarillo de Ilustración en 1999 por "Todas las vacas no son iguales", o Roser Capdevila, Premio Nacional Audiovisual del Departamento de Cultura de Cataluña. A Chilito llegaron 227 ilustraciones, seleccionadas con lupa para que quienes se den una vuelta por la Biblioteca cachen la calidad de las obras. Para Arnal Ballester, con varios galardones a su haber, la inspiración depende de los trabajos que tenga hacer. "Hay algunos notables para ilustrar y otros mediocres, y a veces me gusta trabajar textos no muy buenos porque así me puedo soltar yo", señala. En su caso, empezó en el humor gráfico, además de trabajo en prensa y animación. Sin embargo, ya suma 15 pepas (tiene 48) ilustrando textos para niños. Sus técnicas son variadas, desde tinta china a computación. "Tengo un libro ilustrado mío y sin texto llamado 'Noche sin palabras', es mi preferido". Y es que si bien sus monos decoran letras, a menudo surge el dilema de si es más importante el dibujo o las palabras. En cuanto a cómo echar a volar la imaginación, asegura que él primero que todo es lector. "Primero leo y a partir de eso dejo que la mano trabaje sola y luego corrijo cosas", afirma. Para el escritor Fernando Lalana, quien ha visto varias de sus libracos ilustrados, esto es una decisión del editor, por lo que también se da que a veces las ilustraciones no coinciden con sus propios deseos. "Yo tengo textos que hubiera preferido que fueran solos, sin imagen, y sin embargo por estar incluidos en determinadas colecciones hay que echar mano a un ilustrador para que añada imágenes. O al contrario, podría venir estupendo una colaboración", dice. Es que en su opinión, un texto no necesariamente se apoya más con una imagen. "Uno siempre piensa que el libro es suficiente por sí, que no necesitaría de ningún apoyo. La ilustración de un libro para adulto es casi un lujo; en el caso del libro infantil, se considera que ayuda a que los niños vayan introduciéndose al mundo de la lectura", sostiene.
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