11 de Noviembre de 2003
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Claudia Espinoza /Manuel Vega O

El cónsul adjunto de Argentina en Punta Arenas, José Andrés Basbus, contó cómo forcejeó con uno de los superagentes 86 que encontró en su oficina. Cuando le preguntó quién era, éste le dijo que el jardinero.

(Foto: La Prensa Austral de Punta Arenas)

Un quilombo que puso rojo de vergüenza al gobierno chileno, que obligó a dar todo tipo de explicaciones a su par argentino y que terminó con dos bajas, se originó luego que la mañana del domingo el cónsul adjunto trasandino en Punta Arenas, José Andrés Basbus, llegó de improviso a su despacho de la calle Serrano 684 y descubrió a dos pericos de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) con las manos en su escritorio.

Como consecuencia del hecho, el Ministerio de Defensa aceptó ayer la renuncia del comandante de la Región Militar Austral, general de División Waldo Zauritz Sepúlveda, quien se pegó el pique a Santiago para asumir su responsabilidad en el incidente. Junto a él también se cursó la baja inmediata del teniente coronel Víctor Hugo Poza Reyes, jefazo de Inteligencia de Magallanes.

Zauritz había tenido una carrera ascendente en el Ejército -con importantes nombramientos, estudios y condecoraciones- y figuraba en el Alto Mando 2004 como nuevo comandante general de la Guarnición de Ejército en la Región Metropolitana y del Comando de Industria Militar e Ingeniería.

Mediante un comunicado oficial, la secretaría de Estado indicó que personal de la unidad de la Región Militar Austral, "actuando en forma independiente y sin instrucciones superiores, ingresó al recinto del consulado de la República Argentina en Punta Arenas, afectando seriamente las políticas de gobierno y contraviniendo normativas institucionales vigentes".

La nota agrega que la institución ya inició la investigación de los hechos y que el sumario se encuentra a cargo del comandante en jefe de la Región Militar Austral y el fiscal regional del Ministerio Público. A la pareja le espera una compleja tarea, ya que apenas trascendieron los detalles de la burda operación, en diversos círculos se especulaba que el incidente podría esconder una oscura maniobra destinada a dañar la imagen del alto mando del Ejército o crearle atados al gobierno.

En la misma nota, la ministra Michelle Bachelet informó que por expresas instrucciones del Presidente Lagos, su cartera "ha iniciado una revisión de los procedimientos y regulaciones de Inteligencia, cuyos resultados serán proporcionados a la brevedad al mandatario".

"Finalmente, el Ministerio de Defensa lamenta y condena los hechos acontecidos, y reitera su voluntad de continuar estrechando las relaciones de transparencia y confianza que los Ministerios de Defensa y las Fuerzas Armadas de ambos países han logrado construir estos últimos años", dice el texto oficial.

El comandante en jefe del Ejército, general Juan Emilio Cheyre, indicó que el tema que está en manos del Ministerio de Defensa y declinó responder preguntas en una visita efectuada ayer a Rancagua.

El tremendo condorito

Según José Andrés Basbus, quien fue al consulado ese día festivo sólo porque en la provincia che del Chubut había una elección regional -cosa que al parecer la DINE ignoraba-, al ser descubiertos, los intrusos salieron arrancando, pero al más descuidado de los superagentes se le quedó su chaqueta con un permiso para portar armas y su carné de identidad.

Se trataba de Luis Alberto Robles Ricus, RUT 7.884.057-9, que habitualmente decía ser taxista, pero que en realidad es un agente de la unidad de contrainteligencia austral de la DINE.

De acuerdo con una nota difundida por el embajador argentino en Chile, Carlos Enrique Abihaggle, "al hacer una inspección del edificio se comprobó que la caja fuerte se encontraba abierta y que documentos confidenciales fueron fotocopiados y se encontraban ordenados y engrampados para ser retirados del lugar".

Además, en la oficina del segundo piso se hallaron dos cortavientos y una filmadora que había sido utilizada para grabar hasta el último rincón del recinto.

Fuentes de la Cancillería argentina definieron este episodio como un "hecho serio", pero aclararon que aún es prematuro hablar de un "incidente diplomático".

Basbus dijo que subió hasta su oficina en forma sigilosa, tras comprobar que la puerta principal estaba sin llave y las luces de su despacho encendidas. Al verse sorprendido, uno de los sujetos metió chala, pero su camarada tuvo que forcejear con el diplomático para escapar. "Mientras luchaba le pregunté quién era, y respondió que el jardinero", relató Basbus.

Aunque el dueño de casa evitó que Luis Robles se llevara una carpeta con documentación clasificada, no se sabe qué se choreó el otro intrusete.

En la misma casona reside el cónsul titular, Julián Tettamanti, quien este fin de semana estaba en Santiago, y en una construcción anexa se aloja el personal de custodia, que no se percató del ingreso de los militares.

Corren explicaciones

El embajador de Argentina en Chile, Carlos Abihaggle, si bien lamentó lo ocurrido, dijo que las relaciones diplomáticas entre ambos países siguen siendo normales y de mucha transparencia, "porque no hay nada que ocultar".

Abihaggle primero se fue de queja con el viceministro de Relaciones Exteriores, Christian Barros, y por la tarde se reunió una hora con la canciller Soledad Alvear. A su salida indicó que nadie debe hacerse ilusiones al ingresar a un consulado, "porque ahí no va a encontrar el agujero del mate... o del queque, como dicen ustedes".

En el diario La Nación de Buenos Aires fuentes diplomáticas también relativizaron el episodio diciendo que un consulado no es el mejor sitio para que un espía obtenga información. Esto, porque los datos y la papelería que se guarda en esos recintos generalmente están relacionadas con despachos de visas, permisos comerciales y otros trámites menores.

Al edificio consular, que permanecía custodiado por la policía, llegaron ayer los fiscales Pedro Corti y Felipe Aguirre, junto a detectives, para iniciar la investigación.

En la historia reciente de las relaciones entre los servicios secretos de Chile y Argentina este tipo de incidentes no son novedad, ya que en 1986 fue desmantelada una red de espionaje chilena que recogía información sobre la flota de submarinos de Mar del Plata. Estos sapiolas fueron procesados y condenados por la justicia che. Menos mal que era en tiempos de paz, porque de lo contrario los habrían fusilado sin asco.

Punta Arenas, por ubicación, es la capital austral del tráfico de informaciones. En 1978, cuando ambos países estuvieron punto de ir a la guerra por la soberanía de las islas del Beagle, los temibles operarios del contraespionaje local cazaron a un cura que escondía microcámaras y un transmisor bajo la sotana y que espiaba desde la sacristía para Buenos Aires.


 
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