TALCA.- Como ya es tradición, cientos de personas llegaron este 1 de noviembre a la localidad de Vilches, en la precordillera de la Séptima Región, para disfrutar de los exquisitos helados de nieve que cada año se convierten en el deleite de quienes acuden al cementerio del sector, para visitar a sus muertos.
Se trata de una costumbre, cuyos orígenes se pierden en el tiempo, y que cada año reúne a más personas y sobre todo a turistas de todo el país, e incluso extranjeros.
Los preparativos para celebrar el Día de Todos los Santos comienzan en Vilches con varios meses de anticipación, porque es en pleno invierno cuando los lugareños extraen sacos de nieve y luego los entierran a varios metros de profundidad para mantener las bajas temperaturas.
Luego esperan hasta el 31 de octubre para desenterrarlos y llevarlos hasta las afueras del cementerio, donde el 1 de noviembre se instalan decenas de ramadas que ofrecen al visitante comidas y bebidas típicas de la zona.
Pero sin lugar a dudas, el principal atractivo de la festividad son los ya famosos helados de nieve que se van fabricando a medida que la gente los va pidiendo. Para ello, los lugareños cuentan con un barril de madera en el que depositan grandes cantidades de sal, para mantener la nieve. Después, en el centro del barril, colocan un pocillo con nieve y le vierten extractos naturales de vainilla, frutilla u otra fruta. Finalmente, comienzan a girar el barril hasta que la nieve se mezcla con las esencias y ya está listo el más delicioso y natural helado de nieve.