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| 02 de Noviembre de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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¡Mírame a los ojos! Uno de los momentos más tensos en la relación de pareja se produce cuando uno de los integrantes le dice al otro: "¡mírame a los ojos!". La reacción puede ir desde una mirada displicente hasta el pánico absoluto, incluyendo taquicardia.
Pablo C. (33 años) está solo. Hace dos meses se vio obligado a dejar su hogar. "O te vas tú, o me voy yo", fue la sentencia de Maritza, su esposa. El joven y exitoso profesional optó por tomar sus cosas y partir. Cree que ambos deben reflexionar y otorgarse una nueva oportunidad. Sobre todo porque tienen dos hijos pequeños. Motivo de la crisis: las reiteradas mentiras de Pablo. La mayoría de ellas para justificar sus constantes reuniones de amigos. "Pero nunca le he sido infiel, a pesar de haber tenido mil oportunidades. Eso es lo que me estimula a pensar en reconquistarla. Claro que ella no me cree", afirma el experto en computación. El caso de Nora M. (24 años) es más dramático. Cuando faltaba un mes y medio para su casamiento, cometió el error de tener un encuentro con una ex pareja. "Él fue muy poco hombre, porque se lo contó a unos amigos y así se enteró mi novio. Por cierto que le mentí. Le juré y lloré a sus pies, pero él no me creyó. Por supuesto que el noviazgo terminó. ¿Cuál es la lección? Que por más grande que sea el pecado cometido, es mejor decir la verdad. Me quedó claro que, tal vez, si no hubiese mentido todo habría sido distinto. Total, cualquiera puede tropezar en la vida. Además, mi novio sabía que este tipo había sido mi primer hombre y mi gran amor de juventud", enfatiza la joven. Catita J. (24), estudiante universitaria, vivió intensamente una relación afectiva. La diferencia de edad era significativa. "Él tiene 48 años, o sea, el doble que yo. Está separado. Lo pasamos divino durante tres años. Hace poco comenzó a cambiar y nuestros encuentros se hacían cada vez más lejanos. En resumen: él volvió hace seis meses con su esposa. Si bien siempre me dijo que seguiría viviendo solo, lo que no le perdono es que durante medio año me mintió. ¡Y también a su esposa! Si quería terminar conmigo sólo debió decírmelo. Fue un golpe muy duro, lo que me hace estar desconfiada ante la persona que pueda encontrar en el futuro", expresa la dolida joven.
CONFIANZA MUTUAAunque no existen encuestas específicas respecto del tema, se expresa una tendencia entre los jóvenes a ser sinceros, por sobre todas las cosas. No estar "ni allí" o "¡chao!", resultan expresiones fuertes para quien las recibe, pero -al menos- constituyen verdad. O sea, "eso no me interesa" y "no quiero conversar o estar contigo".Las generaciones anteriores -en un alto porcentaje- asumían que un pololeo no era algo que merecía respeto, por lo que la solución era mentir. Una y otra vez. Las relaciones de pareja deben basarse en la confianza mutua, para lo cual es necesaria la honestidad, la veracidad. Esta es la base de la confianza: el creer en el otro. La mentira hace que el otro pierda esa confianza, ese creer en el otro y, por lo tanto, daña la relación. Por cierto que eso dependerá, también, de si es reiterativa o no y de la gravedad de la mentira. La confianza y tolerancia son conceptos que se deben aplicar también en esta relación afectiva, ya sea en el pololeo, noviazgo, matrimonio o relación afectiva de otra naturaleza. El respeto y la comunicación son fundamentales, ya que permiten que el otro se desarrolle tal y como es con todas sus potencialidades y las aporte a la relación. Cuando se es aceptado, la persona se entrega sin necesidad de defenderse o protegerse por temor a ser rechazado. El respeto genera respeto y la falta del mismo puede generar rabia o frustración. En cuanto a la comunicación, es esencial para que la relación se desarrolle y crezca, ya que permite que el mundo interior de cada uno pueda ser entregado al otro y así construir un nosotros, un mundo compartido entre dos. A la vez, es necesario hacer saber al otro tanto lo que a uno le gusta como lo que nos molesta, lo que permitirá que se vaya acomodando y mejorando la relación.
CALLAR, A VECESExisten situaciones extremas en las que se hace necesaria la mentira o, mejor dicho, no decir la verdad.En esos casos, lo que prima es el amor por la otra persona. Si se sabe que esa información dañará a quien amamos, más vale callar. No se trata de quedarse callado para no tener problemas, para evitar reacciones violentas o enfrentar un llanto. La motivación es: el amor. Bajo esa perspectiva, lo que uno pueda arriesgarse a enfrentar vale muy poco, porque lo que nos preocupará será la estabilidad de la persona que amamos y con la que deseamos estar unidos por la mayor cantidad de tiempo.
RECOMENZARDespués de una mentira sí es posible recomenzar, siempre y cuando exista una postura a reforzar la comunicación y evitar que el hecho se reitere. Una relación basada en la verdad y con plena comunicación puede soportar un golpe o traición, porque hay excepciones. En el instante del diálogo debe haber verdad y cada cual debe exponer sus sentimientos.
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