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| 02 de Noviembre de 2003 | |||
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Chofer no aceptó la talla, lo llevó preso y denunció por usurpación de identidad Pesadilla vive lolo que abordó micro con carné "escolal" de compañero Héctor Cossio L
El 24 de septiembre pasado, Sebastián Galaz, de 15 años, y Roger Hidalgo, de 17, regresaban con la cara larga a su casa tras recibir las malas noticias de parte de la escuela de fútbol de Colo Colo, que no los aceptó, cuando se les ocurrió, para pasar el mal rato, intercambiarse los pases escolares para comprobar si efectivamente se parecían tanto, como decían sus amigos. En realidad, son como dos gotas de agua. En las cercanías del Estadio Monumental, esperaron el micro 655, que los dejaba en la misma casa y se subieron con la ingenua idea de pasar piola. Lejos de pasarle gato por libre al cobrador humano, éste se irritó y le contó todo al chofer, quien se enfureció mucho más y les retuvo los pases a los muchachos. Los cabros le explicaron que cada uno tenía el suyo, pero al chofer, que ese día no tomó su dosis de Armonyl, le importó un comino que estuvieran en regla y amenazó con denunciarlos. Sebastián le dijo a su amigo que filo, que se bajaran y tomaran otra góndola. El chofer de apellido Alvarez abrió la puerta y dejó que descendiera Sebastián, pero la cerró al tiro para impedir que lo hiciera su yunta, el Roger. De ahí en adelante fue todo insultos. De pronto el eufórico conductor les devolvió la plata a todos los pasajeros y les pidió que se bajaran. "Luego de eso, llevó a mi hijo hasta la 21ª Comisaría de Carabineros de Estación Central y lo denunció por usurpación de identidad. Los policías le dijeron al chofer que no era criterioso demandar al muchacho, pero no quiso", señaló la madre, Susy Tobar. El estudiante de tercero medio, seco para la pelota, fue encerrado en el calabozo durante 6 horas, hasta que por fin lo pusieran en libertad, tras ser citado al Juzgado de Policía Local. Después de más de un mes, tiempo que aprovecharon los "compadres" para ir a probarse a Palestino, le llegó a Sebastián una carta de la jueza de Policía Local, donde se declaraba incompetente del caso y entregaba todos los antecedentes a la justicia criminal, que investiga las suplantaciones. "Aquí algo anda mal. Los delincuentes quedan libres y, por cosas tan mínimas como ésta, opera todo el rigor de la ley contra un joven, a quien le falta mucho por aprender, pero es un cabro bueno, sano y deportista", dijo Nelson, padre del otro menor que se salvó del lío. Aparte de todo este lamentable alboroto, lo que más teme el taita del muchacho en problemas es que su hijo pueda ser condenado, que sus antecedentes queden manchados y que, por ello, se vea truncado su sueño de convertirse en futbolista profesional.
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