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| 27 de Septiembre de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La redujeron cuando salía a pasear con bebé y perro de la casa Nana se desató amarras como Houdini y denunció a ladrones Como todos los días, a las cinco y media de la tarde, la asesora tomó en brazos al hijo menor de los dueños de casa, le puso el collar al perro regalón y traspuso la puerta principal para dar un pequeño paseo antes de tomar once con pan con paté y té inglés. Antes de cruzar la reja de la propiedad ubicada en calle Luciérnagas 5855, de La Reina, la nana fue sorprendida por dos cabros que saltaron como gatos sobre ella y que desde hacía rato se hallaban escondidos en el antejardín. Como la principal preocupación en ese momento era cuidar al niño, la empleada no hizo despliegue de sus habilidades de escapista y cedió ante las órdenes de los delincuentes. Como los ladrones además eran últimos de pungas, lo primero que tomaron del palacete fueron las corbatas del jefe de hogar y con ellas maniataron de pies y manos a la nana y le taparon la boca. La guagua quedó en el coche y al perro lo dejaron suelto en el jardín. Con la rehén fuera de combate, los malandras, entre ellos un menor de edad, abrieron el saco de trabajo y metieron en él plata, joyas, electrodomésticos, equipos de música y compacs, entre otros artículos. El tiempo que se demoraron en desvalijar la casa fue utilizado por Leonor para soltar las amarras de modo que apenas se fueran pudiera librarse de ellas y pedir auxilio. Pasadas las seis de la tarde, los ladrones se mandaron a cambiar y la nana hizo desaparecer los nudos de las amarras y se sacó el tapón de la boca. Tras comprobar que el niño estaba ileso, llamó a la policía, que logró apañar a los delincuentes cuando aún no lograban salir de la villa, recuperando todas las especies.
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