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| 13 de Septiembre de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La ventanita sentimental DR. CARIÑO doc@lacuarta.cl Hola, doctor:
Le escribo desesperada, pero no arrepentida. ¿Sabe? Todo empezó un día que estaba sola y deprimida y llegó a visitarme mi primo, que es casado y bien dotado. La verdad, yo nunca me pasé rollo alguno con él. Yo sentía que su mujer tiene cierta distancia conmigo desde hace mucho tiempo, mucho antes de que pincháramos. Porque eso fue lo que pasó, pinchamos con tuti y a él le quedó gustando. La verdad es que a mí también, pero después pienso que es mi primo. Está muy rico, pero es mi primo. Y trato de sacarlo de mi mente, pero no puedo. Esperando un buen consejo de su parte se despide. Paloma desesperada Mi perra:
No me va a negar que eso de mandarse al pecho a su primo no fue nadita de edificante. Cuando dijo que había pinchado con él pensé -¡qué ingenuo soy!- que se habían mirado en forma coquetona y que usted sólo se había pasado la lengüita por los labios en forma insinuante, pero no. El primo casado no pinchó con usted sino que la clavó, y eso estuvo realmente mal porque estas cochinadas ricas no deben hacerse entre parientes tan cercanos. A eso hay que añadir que la señora de él, con ese instinto que tienen las mujeres, la tenía entre ojos hace ratito. A lo mejor presentía que usted iba a cepillárselo. Por supuesto que el perla iba a regresar por más, pero no debe aguantarle la parada. Si vuelve a meter las patas, él meterá otra cosa y el asunto se complicará de manera peligrosa. En suma, amárrese con alambre de púa los calchunchos, dése duchas heladas y haga cuenta que el primo puntudo es Satanás. Nunca más.
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