Que la música no sólo alegra el almanaque sino que también ayuda a la rehabilitación de los chiquitines con algún problema psiquiátrico, lo saben de sobra quienes trabajan con ellos, sobre todo si se trata de peques con autismo.
El trastorno, incurable y a menudo asociado a retardo mental, se caracteriza precisamente por una especie de aislamiento social, donde la comunicación se torna prácticamente imposible, requiriendo de un fuerte apoyo de sicólogos, fonoaudiólogos, terapeutas y profes diferenciales.
Con la idea de derribar esa barrera comunicativa fue que la Asociación de Padres y Amigos de los Autistas (Aspaut) inauguró ayer la primera sala de musicoterapia del terruño, en la cual los niños y jóvenes que sufren esta discapacidad podrán aprender a relacionarse con su entorno.
Según señaló la musicoterapeuta Carolina Carrasco, un chicoco con estos rasgos deteriora gravemente la estructura de la familia, por cuanto no desarrolla sus aptitudes sociales; al contrario, suele retraerse en sí.
La música, entonces, hace milagros en su comportamiento al permitirles un mayor manejo del lenguaje y de sus habilidades motoras finas, además que les permite expresarse libremente por medio de los acordes, la expresión corporal y el baile, a través de sonidos, canciones y colores.
Los cambios que se producen en los mocosos fueron observados por el ministro de Educación, Sergio Bitar, quien en su visita a la Escuela de Autistas de San Miguel se comprometió a estudiar un aumento de la subvención que reciben, actualmente de 83.300 pesos y 11 lucas por alumno en colegios sin y con Jornada Escolar Completa, respectivamente.