Razón tenía David Pizarro que no quería cantar victoria hasta que viera ante sus ojos el contrato que lo ligaría a la Lazio. Y es que la transferencia, que días atrás se dio por hecha y fue la causa para que en Valparaíso chocaran los vasos llenos de chupilca para festejar el nuevo paso de su pigmeo regalón, volvió a trabarse porque Fabio Liverani, que sería moneda de cambio con el Udinese, se taimó y dijo que ni a gomazos lo harán moverse de Roma.
Aunque había completo acuerdo entre los clubes e, incluso, al "Enano de la Providencia" le habían aguantado pagarle un sueldo superior a los 800 mil dólares que le ofrecieron en un principio, nadie contaba con la astucia de Liverani, que es pieza vital para amarrar el trueque.
El susodicho, además de reiterar que por nada del mundo se irá al Udinese, se mostró súper amostazado porque la Lazio lo transfirió sin preguntarle, mientras se cacheteaba en su luna de miel más encima.
Ante el nuevo drama, el dire general del Udinese, Pierpaolo Marino, sostuvo que "si la Lazio no nos propone una alternativa válida, nos quedaremos tranquilamente con Pizarro". Por lo mismo, los romanos se pusieron las pilas para tratar de convencer a Liverani que cambie de aires o, por último comprar a otro club un volante con tal de darles en el gusto a los de Friuli.