Una cuática sin precedentes, ni comparadas a las que protagonizaron Figo, Ronaldo o Zidane, desató ayer David Beckham a su arribo a España para cumplir con el rito del chequeo médico y firmar el contrato que lo ligará por las próximas cuatro temporadas al Real Madrid.
Desde que pisó suelo pepillo, el ex ídolo del Manchester United fue aguaitado por el manso piño de periodistas en la base aérea de Torrejón de Ardoz, los que se quedaron con las ganas de robarle una palabra, ya que el "Niño dorado" llegó con la sanguchera corcheteada junto a su potable esposa, Victoria Adams, y su péndex de 4 primaveras, Brooklyn.
Del aeropuerto, a Beckham se lo llevaron de un ala al chequeo, para después enchufarlo en el hotel Grand Meliá Fénix, donde se apostó en la misma suite que se alojaron los Beatles 40 años atrás en su visita a la Madre Patria.
El "Spice Boy" dará hoy su primera conferencia, a la que no tendrá acceso la prensa del cucharón y donde tampoco aceptará preguntas, salvo las del Realmadrid TV, que tendrá una entrevista en exclusiva.