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| 13 de Junio de 2003 | |||
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Juez le dio la razón y "matrimonio gay" quedó de patitas en la calle: Apelarán a la Corte Denunció a su hermano travesti por llegar a la casa con novio trapecista Manuel Vega Tras el fallo, Abel Eduardo Saavedra Concha, de 27 pétalos, se vio de la noche a la mañana en la calle, separado de su pareja y sin lugar donde poner su colcha de seda con mariposas y guardar su colección de colaless. Para colmo de males, y como la persecución no ha cesado desde que Usía falló a favor de la discriminación, el afectado, Abel (más conocido como "Alexandra"), ahora teme que después del terremoto venga una réplica judicial y en cualquier instante lo expulsen del pueblo por ser un bicho raro conflictivo. El caso de este compadre cae como anillo al dedo y les presta ropa a los diputados que están empujando un proyecto de ley que busca regular las relaciones entre homosexuales para velar por su patrimonio común (bienes) y para que no se abuse con ellos. Coelemu se dice ciudad hermana de Jalisco porque sus habitantes se creen muy machos, pero según "Alexandra" esto no es efectivo. "Acato los colizas hacen nata en todos los estratos de la sociedad. No somos machos, pero sí muchas, aunque sólo yo he dado la cara desde que nací en este pueblo", dijo la chiquilla. En 1995 falleció su padre, don Gonzalo Zavala, y por toda herencia les dejó a sus hijos Abel y Esther (26) la casa paterna, ubicada en calle 11 de Septiembre. Los hermanos convivieron sin problemas hasta que el año pasado Abel abandonó el nido en busca de nuevos horizontes. Trabajó como travesti en Concepción y Bulnes, pero le fue malena, hasta que un día -cuando estaba al borde de la quiebra emocional y monetaria- se enamoró hasta las pestañas de un hercúleo trapecista y de su carpa, y partió con el Gran Circo de Fieras a recorrer el país, presentando un número de transformismo. Sobre el aserrín le fue peor aún, pero como ya tenía pareja estable, ambos regresaron a Coelemu con la oveja azul del amor pastando sobre las praderas de sus corazones y el tigre rayado atravesando de un salto el círculo en llamas de la pasión. Abel se puso a trabajar como ayudante de cocina en el Che Ratón y su amado, a barnizar troncos en la Forestal Milinco. Como se habían lanzado sin red a la vida matrimonial, se pegaron el tremendo costalazo. Apenas se instalaron en la residencia familiar, su hermana Esther se le fue encima como un ayatolah y le dijo que se mandara a cambiar. "Me dijo que podía entrar solo, con un certificado médico que acreditara que no tenía Sida y luego de recibir orientación religiosa", explicó "Alexandra". Él protestó, porque la casa les pertenece a ambos, pero todo fue inútil. La homofóbica mujer recurrió al tribunal y ganó la partida. Ahora, Abel, socio de Traves Chile, prepara sus baterías para presentar un recurso de apelación ante la corte, porque considera que sus derechos fueron pisoteados y la resolución judicial atenta contra las leyes que rigen la herencia, la propiedad y, además, es inconstitucional y discriminatoria.
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