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| 03 de Junio de 2003 | |||
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Aclaran crimen a fierrazos de ingeniero que trabajaba para el mineral de El Salvador Contrató a sicarios para que asesinaran a su pareja: Pagó en cómodas cuotas mensuales Rodrigo Dávila y Manuel Vega
La investigación, que tuvo un rápido desenlace, terminó con la detención de Selva Elena Gaete Solís, de 43 años, y su contador personal, Víctor Cayuqueo Llanca, de 52. Ambos, luego de ser interrogados por el titular del tribunal y confrontados con irrefutables pruebas, se declararon autores confesos del homicidio premeditado del ingeniero en geomensura Edgardo Rodolfo Chávez, de 54 años, contratista particular del mineral de El Salvador, muerto a fierrazos la mañana del viernes en el antejardín de su casa por dos presuntos asaltantes.
La verdadera historiaFuentes entrometidas en la diligencia señalaron a La Cuarta, la justiciera, que la génesis del caso hay que buscarla en una conversación que sostuvieron hace algunas semanas Selva, la salvaje conviviente del ingeniero, y Cayuqueo, su amigo y consejero sentimental.Los que saben dicen que en esa ocasión la mujer se quejó, lloriqueó y moqueó ante Cayuqueo. Le dijo que estaba cabreada de vivir con su pareja, que veinte años ya es mucho tiempo y que a pesar de los cinco hijos que tenía con el ingeniero, daría cualquier cosa por sacárselo de encima. Al escuchar los pesares de su buena amiga, y dispuesto a darle el gusto en todo, Cayuqueo se ofreció para palabrear a una machi y matar al topógrafo con un conjuro temuquense de máxima potencia, pero la comadre le respondió que no estaba para leseras, que necesitaba de una magia más poderosa para obtener su libertad.
Al cabo de unos días, el asesino a sueldo dijo que el trabajo era muy peligroso y podía ponerse peludo, así que había tenido que contratar a otro compadre, por lo cual la tarifa subió a 8 millones. Selva se quejó de que era mucha plata y le dio a su cómplice poderes plenipotenciarios para negociar. Finalmente el precio quedó fijado en 5 millones, pagaderos en igual número de cuotas, al contado y sin intereses. El viernes a las seis de la mañana, Edgardo Chávez salió de su casa rumbo a la pega, pero al abrir la reja del antejardín lo estaban esperando dos desconocidos que se le fueron encima y lo molieron a fierrazos. Selva en persona llevó a su pareja al hospital, pero el ingeniero falleció víctima de un TEC abierto con pérdida de masa encefálica. Todo hacía presumir que el profesional había muerto en un intento de asalto, pero los polis sospecharon cuando se dieron cuenta de que la mujer había alterado el sitio del suceso, amarrado a los perros y dejado abierta la reja del antejardín. Sometida a un científico interrogatorio, la mujer cayó en contradicciones, terminó por confesar y delató a su cómplice. Los autores materiales del homicidio están prófugos, pero plenamente cachados.
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