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| 28 de Mayo de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Enloquecido por los celos, incendió la casa y casi se echa el barrio completo Quemó la catrera de su amante para borrar toda huella de "patas negras" Manuel Vega Es a veces un temblor y a veces un terremoto, dice el poeta Valentín Volosky. El temblor se siente cuando ella y él se agitan en el éxtasis. El terremoto, de más larga duración, se produce cuando los amantes se caen a pedazos. En este tipo de sismo, es más bien el amor el que se desploma. Por amor se vive y se mata. En su homenaje se levantaron los jardines colgantes en Babilonia, pero también nunca está ausente a la hora de contabilizar suicidios, asesinatos e incendios intencionales. El fenómeno nos azota día y noche, hasta tal punto que, para los efectos informativos, prácticamente no constituye noticia. Salvo cuando un amante celoso provoca un incendio que casi saca del plano regulador municipal a toda una población. Justo a mediodía de ayer, en el Juzgado de Garantía de Victoria, se empezó a analizar el caso de Juan C.M., de 24 años, a quien la madrugada del sábado los celos se le fueron a la cabeza. Juan convivía con su pareja, identificada sólo como Anita, de 19 primaveras, en el inmueble de calle Condell 1185. Allí, la noche del viernes, se inició una amarga discusión acerca de la fidelidad, la lealtad, el amor a concho y otras leseras. Al paso de las horas, la riña fue subiendo de tono. En vano la joven trató de apaciguar al varón diciéndole que se estaba pasando puras películas, pero Juan insistía y se iba poniendo cada vez más agresivo. Cerca de las 5 de la mañana, cuando ya los jugos pancreáticos y la bilis ahogaban al hombrón y éste estaba a punto de propinarle una feroz paliza a su pareja, Anita, que no tiene nada de huerfanita, arrancó y se fue a refugiar a la casa de sus taitas. La fuga emputeció al Juancho, quien, luego de juntar harto papel de diario y otros cachureos, los metió debajo del catre matrimonial y le tiró un fósforo encendido, para esterilizarlo de humores ajenos. Pero el fuego se descontroló y una explosión de llamas y gases ultracalientes lanzó a la calle al incendiario y a uno de sus vecinos. Ambos resultaron con serias quemaduras. Si no es por los voluntarios de la Primera, Segunda y Cuarta compañías de Bomberos que llegaron al lugar, el barrio habría ardido por completo, junto a la mediagua de la pareja, de la que no quedó ni un palo quemado en pie.
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