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Movidas raras en Matta Oriente
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- Caballero, soy una teclita de 72 años. Vivo en Matta Oriente, Ñuñoa, en unos edificios de cuatro pisos, y en este último tiempo he quedado helada con los lolos y raros autos que llegan hasta este sector los viernes y sábados, a partir de las once de la noche y toda la madrugada.
- Pero eso no tiene nada de raro...
- Claro, para usted, pero resulta que se ve a la distancia que compran algo y luego se van.
- Aaaaaah... ¿Qué sería?
- No lo sé, pero lo único que le puedo decir es que acá, entre Bustamante e Irarrázaval, por Matta Oriente, han llegado unos muchachones que se pasean de arriba para abajo, caminan rápido, se paran en las esquinas, conversan con otros, se acercan a los autos y luego vuelven a dar vueltas.
- ¿En serio?
- Sí. Hay muchas mamitas que los ven, pero no se atreven a denunciar por temor. Dígale a Carabineros que mande patrullas, porque no se ven nunca.
- Vale.
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Taxista prepo en Providencia
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- Oiga, quiero preguntarle algo.
- Échele.
- ¿Hay multas para los autos que no respetan a los transeúntes?
- No, ¿por qué?
- Le cuento. El miércoles en la noche iba por Antonio Varas con Doctor Solís de Ovando, en Providencia, de regreso del Hospital Luis Calvo Mackenna. Crucé con mi hija por el paso de cebra, en el que incluso hay unos faroles con luces amarillas, y un taxista casi me atropelló, y encima me tocó la bocina. Di el medio salto.
- ¿Anotó la patente?
- Sí, RY-4759. Era un Nissan pintado negro y amarillo. El tipo fue tan caradura, que se enojó, porque estaba cruzando por el paso de cebra. ¿Qué le parece?
- Que estos rotos no tienen ni un respeto.
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