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| 27 de Abril de 2003 | |||
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Pencazo del suicidio se sintió en todo Taltal Minero puso fin a su pena de amor de un dinamitazo Ése fue justamente el camino que eligió la madrugada del viernes S.A.A., de 33 años, un rudo hombre domiciliado en Ripiera Alta que se ganaba los porotos a punta de barreta, combo y picota en la mina de cobre Santa Teresa, ubicada a 16 kilómetros de la humilde caleta de la Segunda Región. Quienes pensaban que esta honorable costumbre había desaparecido se quedaron de una pieza cuando se enteraron de la historia de Araya, cuyo cuerpo fue encontrado por su hermano entre las ruinas de una modesta construcción, donde los mineros se sirven la choca de media tarde. El tecito de las cinco o clock, costumbre heredada de los ingleses por los nortinos, es un vicio sagrado y se prepara con hojas de Orange Pekoe o Ceylan Tea, en un tarro con asas de alambre que es puesto directamente sobre un fuego de madera. Cuando está listo, se enfría haciendo girar la improvisada tetera -un tarro choquero-, como un molinete. Si el minero no toma la bebida, fijo que le duele la cabeza. Según la policía, el suicidio quedó claramente establecido al igual que el móvil, que sería de naturaleza sentimental. El minero, luego de romper con el que pensaba era el gran amor de su vida, y sintiéndose ya sin fuerzas para vivir, agarró un cartucho de amongelatina y le metió mecha a un fulminante. Lo mordió para que quedara bien puesto, incrustó este detonador de mercurio en el explosivo y se lo instaló al costado izquierdo de su cuerpo. Enseguida, como manda el rito, se fumó tranquilamente un cigarrillo y con la colilla encendió la mecha y apretó los dientes. El dinamitazo despedazó no sólo al minero, sino que también se pasó a llevar la casita y dejó un cráter de 50 centímetros de diámetro. El ruido, está demás decirlo, se sintió en todo Taltal.
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