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| 13 de Abril de 2003 | |||
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Alemanes arrancados están felices y comiendo perdices en casa supersecreta del Ministerio Público Colonos dicen que trabajaban como esclavos en Dignidad Paula Riquelme, corresponsal Así lo confirmaron fuentes allegadas al caso, que manifestaron que los dos matrimonios permanecen en la VII Región y en los próximos días serán trasladados a la embajada germana en Chago, aunque otras fuentes aseguran que ya se encuentran en la capital. Matilde Selent Ritz (75), su esposo Walter Johannes Zsurgelies (73), la hija de ambos, Ingrid (48), y el marido de ésta, Francisco Morales (50), pudieron abandonar el enclave otto ubicado en la precordillera de Parral tras denunciar secretamente a la policía que sentían vulnerados sus derechos básicos pues eran sometidos a trabajos extenuantes y no podían salir libremente del recinto. Ambas parejas fueron rescatadas de Villa Baviera ante la mirada atónita del resto de colonos y hoy se encuentran bajo estricto resguardo en un recinto de la Unidad de Atención a Víctimas y Testigos dependiente del Ministerio Público. El fiscal de Parral que investiga la denuncia, Ricardo Encina, informó que ayer interrogó a los fugados, quienes "se ven cansados, pero felices y emocionados después de haber recuperado su libertad. Tenemos que entender que para ellos esta situación no ha sido fácil, pues tuvieron que dejar todo lo que tenían en la villa para comenzar una vida completamente nueva. Se han encontrado con cosas que si bien para nosotros son cotidianas, para ellos eran desconocidas, pues vivían en un mundo muy distinto al nuestro". También se confirmó que Ingrid Zsurgelies presenta un embarazo de 4 meses que no había sido controlado, por lo que se espera que en las próximas horas sea sometida a exámenes médicos. Además, los cuatro ex habitantes de la villa recibirán atención psicológica. Frente a la insólita huida, el vocero de la ex colonia, Hernán Escobar, señaló que "el matrimonio de ancianos dejó una carta en la que explican que abandonaron el fundo por motivos familiares, aunque ellos nunca antes habían manifestado sentirse disconformes con la vida que llevaban acá". Agregó que los tatas ya estaban jubilados y prestaban apoyo al trabajo que realizaba su hija Ingrid y el esposo de ella, reconocidos como "excelentes productores de queso, mantequilla y ricotta". Escobar dijo que "lo más perturbador de todo es que ahora no sabemos cómo suplir el vacío que ellos dejaron", pero señaló que "no sería extraño que después de un tiempo regresen arrepentidos, como ocurrió con Hilde Ritz y Waltraud Baar, que pasaron el fin de año con nosotros".
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