A la colombiana, es decir a tiro limpio, una patrulla forestal de Investigaciones de La Ligua se tomó por asalto una plantación industrial de macoña que crecía imparable bajo el sol vivificante del sector cordillerano de Los Hornos.
El grupo de detectives a cargo del operativo bautizado como "Abril, cogollos mil" se dejó caer sobre un cerrito del sector de Hualquén -donde la marihuana, especialmente la variedad chilombiana, se da muy bien por el perfecto balance entre la luz solar y la humedad- dateado por un drogadicto renegado que se pasó de la macoña al copete. Este tipo de pecador convertido es el mejor informante de la policía, el más entusiasta colaborador.
Al llegar al bosquecillo de cannabis sativa que crecía en un predio al fondo de una quebrada, los polis fueron recibidos a escopetazos por los fedayines a cargo de la custodia de la droga, pero luego de un breve intercambio de plomazos los malos de la película huyeron y dejaron abandonada su guarida, donde tenían colchonetas, provisiones y una cocina a gas.
La plantación estaba dividida en siete parcelitas de 15 por 5 metros de superficie, que en total contenían unas mil plantas. Las bebitas tenían 50 centímetros de altura y las mayorcitas, más de dos metros. La edad de estas últimas fue calculada en ocho meses por los herbívoros de la Brigada de Investigación Criminal.
En el lugar existía una ingeniosa red de regadío que mediante mangueras llevaba el agua desde una vertiente hasta un piscina, donde se almacenaba y repartía por todo el terreno. La abundancia de agua garantizaba la óptima hidratación de la mata con el evidente beneficio para el fortalecimiento del tetrahidrocanabinol, el agente activo de esta cochina droga.