BAGDAD, (Agencias).- Uno de los momentos más simbólicos de lo que puede considerarse el fin del régimen, fue cuando una muchedumbre enardecida, con la ayuda de los soldados gringos, derribó la más grande de las estatuas levantadas por Saddam en su propio honor.
Instalada con sus 12 metros de altura en la plaza Firdos -Paraíso en árabe-, cayó estrepitosamente, luego que los infantes le pusieran un cable de acero alrededor del cuello para tirarla con un tanque. Momentos antes habían cubierto la parte superior con una bandera gringa, la que luego cambiaron por una iraquí. Ya en el suelo, y entre gritos y aplausos, los manifestantes la rodearon para lanzarle basura y golpearla con sus zapatos, hecho considerado aquí como la mayor de las ofensas. Rato después lograron desprenderla la cabeza, la que arrastraron por las calles de la capital.
El vocero de las tropas británicas en Irak, coronel Al Lockwood, dijo que lo ocurrido simbolizó "la caída del régimen. Este momento es impresionante y simbólico. Este momento es parte esencial de la guerra, la caída de Bagdad y los festejos de la gente".
"Tengo 49 años, pero no he vivido ni un solo día. Solamente ahora comenzaré a vivir", dijo Yssuf Abed Kazim, un predicador de mezquita, mientras golpeaba con brío el monumento. "Saddam Hussein es un asesino y un criminal", agregó.