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| 10 de Abril de 2003 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Polis lo pillaron en pleno funeral, cuando empujaba el improvisado ataúd por una playa de Valparaíso Ex marino mató a esposa e intentó lanzar su cadáver al mar en tambor lleno de cal La vida, en definitiva, es multicolor. Tiene días claros y períodos negros; azules como el mar; plomizos como la madrugada en Valparaíso; y blancos como la cal, ese cemento que sirve para pintar las murallas de la casa del pobre y para disolver rápidamente un cadáver que pesa sobre la conciencia. Ayer, el taxista Jorge Pavez Jorquera, de 40 años, tuvo su merecido día negro. Su caída da para guión de película chilena y, para mejor, transcurre en la Joya del Pacífico, lo que asegura escenarios gratuitos. Pavez fue capturado cuando intentaba fondear un tambor de 200 litros que contenía el cadáver de su mujer, a quien había asesinado a fierrazos el fin de semana. El homicida, un funcionario en retiro de la Armada, tenía su puerto seguro en la casa 21 del Pasaje 2 de la Población San Cristóbal, en Quilpué. Allí había echado ancla con su señora, Teresa Cecilia Vidal Labarca, de 29 años, y sus dos hijos. En los últimos meses, la relación se había vuelto tormentosa y en más de una ocasión el vecindario escuchó resonar como truenos los charchazos sobre Teresa, quien tenía que huir del centro de la tormenta empapada en una lluvia de lágrimas y sangre de narices. Muy atrás quedaron los años dorados, cuando Pavez le escribía versos de amor a su novia y los lanzaba al mar encerrados en una botella, con la esperanza de que su mensaje alcanzara lejanas costas, donde otros amantes pudieran leer sus apasionados sonetos mientras se bañaban, desnudos, en solitarias playas. El cruel homicidio fue descubierto la madrugada de ayer, cuando los vigías de la Escuela Naval que oteaban el horizonte llamaron a la Primera Comisaría de Carabineros de Playa Ancha para denunciar que en la playa Carballo, un individuo trataba de lanzar al agua un tambor. Eran las 05.30 horas y cuando los polis llegaron al lugar observaron que, efectivamente, en medio del griterío de gaviotas y garumas, un sujeto empujaba desde su automóvil patente FJ-4939 una especie de boya cubierta por una corona funeraria de huiros y anémonas. En el tonel de 200 litros aparecían inscritas unas extrañas siglas: T.C.V.L. (1974-2003)". Cuando los carabineros le preguntaron a Pavez qué crestas hacía con el tarro, éste no supo qué decirles, ya que un experimento para estudiar el fenómeno de El Niño no era. Los polis, con ese olfato que los caracteriza, se consiguieron un diablito, destaparon el barril a medio soldar y encontraron la macabra sorpresa: En su interior estaba el cuerpo de Teresa Vidal con toda su ropa, cubierta hasta la coronilla de cal viva para apurar su disolución. El maldito ya había agujerado el ataúd metálico para que se llenara pronto de agüita y no saliera a flote. Poco después, Pavez confesó que había asesinado a su mujer durante una discusión familiar y había decidido eliminar al cadáver utilizando un método que había aprendido por ahí.
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