BELGRADO, (AP).- Decenas de miles de serbios dieron ayer un imponente y emotivo adiós a Doran Djindjic, el primer ministro pro-occidental serbio asesinado el miércoles por francotiradores en el centro de Belgrado.
Líderes prodemocráticos y dignatarios extranjeros guardaron silencio solemnemente en el templo de San Sava, la más grande iglesia ortodoxa de los Balcanes, donde el patriarca Pavle -quien sólo usa un nombre- ofició el servicio religioso.
La esposa de Djindjic, Rizica, de 27 años, y sus hijos Luka, de 10 años y Jovana, de 13, permanecieron de pie frente al ataúd de madera envuelto en la bandera roja, azul y blanca de Serbia y con una cruz ortodoxa dorada, decorada con lirios. El féretro estaba en el centro de la iglesia, bajo el enorme domo de concreto.
Djindjic desempeñó un papel significativo en el derrocamiento del ex primer ministro Slobodan Milosevic y en su extradición al tribunal de la ONU en La Haya, Holanda. Eso, su posición pro-occidental y la declaración de una guerra abierta contra el crimen organizado y la corrupción, le ganaron muchos enemigos.
El gobierno ha acusado a un clan del crimen organizado y a otros aliados de Milosevic de preparar y realizar la emboscada que quitó la vida a Djindjic, de 50 años, frente al edificio de gobierno.
Pese a las pesquisas de la policía civil y uniformada, hasta ayer no había pistas respecto de los autores del crimen, aunque ya se había detenido a decenas de sospechosos.