Antes de volver desde Japón, tras estrujar a su marido japonés Yuji Chida, Anita Alvarado, la "geisha chilena", sólo era una prostituta más que laburaba duro y parejo en alguno de los clubes nipones, acostándose hasta con 30 clientes por jornada. Pero un buen día, pescó sus pilchas y se vino a Chile a disfrutar de los 5 millones de dólares que su esposo le dio.
Chida estafó a la Cooperativa de Vivienda Aomori en más de 11 millones de dólares, pero fue descubierto por la justicia y condenado a 14 años de presidio.
Con el dinero, Anita, madre de cuatro hijos de padres diferentes y de un quinto adoptado, construyó un palacete en Chicureo que los tribunales le quitaron, dos centro médicos, una inmobiliaria, un restaurante y el pub Delirio Caribeño. Hace poco adquirió otra propiedad en Los Dominicos.
El desparpajo de la geisha para reconocer su vida y su deslenguada boca, la convirtieron en figura pública. Entre otros pitutos lanzó sus memorias "Me llamo Anita Alvarado" y grabó un disco de música bailable.
Desde la tierra del Sol Naciente, Chida hace todos los esfuerzos judiciales posibles para que le devuelvan la platita a los estafados de Aomori que pasó a manos de la geisha. Y ella no tiene miedo de perderlo todo: "Volvería a luchar porque tengo tremendas manos, una buena boca y tremendos pies para trabajar. Aunque esta vez no como prostituta".