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| 20 de Febrero de 2003 | |||
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El "Comandante Samuel" tenía arsenal de cabras chicas en tres barretines de Providencia Mayoneso en retiro mantenía prostíbulo con niñitas de 12 años para clientes VIP
En el operativo fueron detenidas 11 personas y rescatadas de manos de la banda cuatro menores cuyas edades oscilan entre los 12 y 17 años. Las niñitas, que formaban parte de un staff de nueve prostis, eran la elite de la organización y estaban destinadas solamente a finos y depravados paladares de gerentes, altos ejecutivos bancarios e industriales y vejetes forrados en plata, que pagaban desde cien mil pesos para arriba por el privilegio de gozar de su compañía. Las menores, que ya se encuentran bajo la protección de organismos especializados, fueron identificadas como K.R.G.Q., de 12 años; Y.A.C.G., de 16, y M.C.P.A. y J.C.M.C, de 17 años. Junto a Adolfo Cáceres también fue detenida su conviviente, Griselda Urzúa Arredondo; cuatro mujeres que actuaban como "enganchadoras", Ana Urzúa, Margarita Silva, Fabiola Gallegos y Susana Reyes López, y cuatro prostitutas mayores de edad. Estas, conocidas por las niñas como "las maestras", además de ser parte del negocio eran las encargadas de "educar" a las niñas en los viejos artes del amor. Según ha trascendido, Cáceres, con antecedentes por infracción a la ley de armas, Ley 18.314 o Antiterrorista, y estafas, al salir de la capacha en 1998 renegó de su pasado marxista y dispuesto a dejar de lado la pobreza, por fea y hedionda, se convirtió en un próspero empresario. Fue así como fundó la empresa de publicidad Tecmys, contrató a bellas señoritas y comenzó a organizar eventos de promoción y propaganda en bancos, supermercados y grandes empresas. Desafortunadamente, por problemas de administración, Cáceres fracasó en sus intentos de integrarse al capitalismo salvaje. Tecmys quebró y el empresario estuvo a punto de volver a la capacha, esta vez por giro doloso de cheques y fraude. Fue entonces que craneó cambiar de giro y convertirse en un cafiche y explotador sexual de menores, aprovechando los contactos que había logrado en el mundo globalizado durante su trabajo anterior. En esa onda puso un aviso en los diarios ofreciendo pega de promotoras a menores de 18 años y mandó a sus agentes, Margarita, Ana, Fabiola y Susana, a enganchar cabritas pobres o desorientadas en las plazas de San Bernardo e Italia. Según han declarado sus pequeñas víctimas, Adolfo Cáceres seleccionaba personalmente a las aspirantes, violándolas. Luego de pasar por el examen, las niñas eran enviadas a una peluquería situada en la calle Pedro Lautaro Ferrer, en Provi, donde expertos esteticistas las peinaban, perfumaban y las vestían provocativamente. Enseguida eran llevadas a su lugar de trabajo, donde se reunían con sus clientes paltones. Estos antros funcionaban en Seminario 96, Juana de Arco 2012, departamento 22, y otros sitios que no han sido revelados. La banda quedó al descubierto cuando la madre de una de las niñas presentó una denuncia formal en el 17º Juzgado del Crimen de Santiago y el tribunal le entregó una orden amplia de investigar a la policía.
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