Con mayúsculas y en negritas, el Capítulo Chileno de Transparencia Internacional destacó que contra todas las mal habladurías, Chile no es un país corrupto, pese a las últimas excepciones a la regla. Sin embargo, 61% de la pobla asegura que los valores morales y éticos van en picada.
El organismo, integrado por nombres de peso como Luis Bates, Patricia Politzer y Sebastián Cox, lanzó ayer su "Informe global de corrupción 2003", donde el acento este año está puesto en el acceso a la información, el rol vigilante de los medios de comunicación y periodismo investigativo.
Marta Lagos, quien hace un lote de tiempo se dedica a tomarle el pulso a la opinión de la pobla y coautora del estudio, señaló que algunas ovejas negras que desviaron su camino no significan una epidemia, a pesar de la percepción chilensis, de ver coimas hasta bajo la almohada.
Así, no obstante que en el Indice de Percepción de la Corrupción del 2002 Chilito ocupó el lugar 17 entre 102 países, un sondeo de Mori en diciembre pasado, y recogido en el análisis, da cuenta de que el 70% piensa que la corrupción se pegó un salto con garrocha, y que el 60% de los políticos y empresarios se arreglan los bigotes.
Otro 13% de la población dice conocer algún acto de corrupción, mientras 48% cree que los funcionarios públicos son pillines. Un 79% de los encuestados también expresa que la corrupción afecta al terruño, y 43% se siente afectado por esta situación en el plano personal.
Tales apreciaciones dejan en evidencia -dijo- que hay que transparentar al país con mayor información en el trabajo periodístico, actualmente ahí no más por la propiedad de los medios, las leyes y violencia contra los ágiles de la prensa. De hecho, en el 2001, uno de cada cuatro periodistas asesinados investigaba casos de corrupción.