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| 16 de Enero de 2003 | |||
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Jardines estacionales darán manyete y entretención a 2.800 chiquiturris Peques de temporeras pelusean puertas adentro mientras ellas le ponen el hombro
Desde 1990, la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) viene desarrollando, primero en forma piloto, y luego de manera permanente, el programa de escuelas estacionales para los hijos de mamis temporeras, de manera de dar una mano a las cientos de féminas que sudan la gota gorda en labores ligadas a los sectores más rurales de nuestro terruño. Este año, si bien los establecimientos que acogerán a estos chimpilos por todo el tiempo en que sus mamás se hallen métale trabajo abrieron sus puertas el 6 de enero, ayer se dio el vamos oficial a la pomada. El escenario elegido fue el Liceo Poetisa Gabriela Mistral, de Calera de Tango, donde el propio subse de Educación, José Weinstein, se encargó de pasar revista a que todo marche tiqui-taca entre los niños beneficiados. La vicepresidenta de la Junji, Adriana Muñoz, contó que la idea es colaborar para resolver el cuidado, protección y educación de los querubines, de modo que queden en un espacio donde es sabido que estarán bien, con una atención integral que incluye desde su ingreso a las 07.30 de la madrugada hasta las 19.30 horas, con entrega de alimentación completa y un lote de actividades externas. "Es un programa que da soluciones a la mamá y que ha ido creciendo, porque ahora se suma también el apoyo a la mujer que trabaja en labores de pesca", señaló la caporala. Weinstein, entre tanto, junto con regalonear a los más pitufines, indicó que la movida da seguridad a las madres temporeras por cuanto ellas pueden desempeñar sus funciones tranquilas y lo otro es que los peques son estimulados sin tener que mamarse largas jornadas en labores agrícolas, ya que antes las mamitas no tenían más que hacer que llevarlos con ellas. Así, durante 12 horas y por dos meses al hilo, los chiquiturris están bajo la lupa de técnicas parvularias, profesores de educación física, nutricionistas y monitoras, las que los cuidan como hueso santo. "Los niños se portan muy bien y, lo mejor, es que nuestro trabajo es reconocido porque en la tarde, muchos de ellos no quieren siquiera irse para sus casas", confidenció Antonieta Alvear, coordinadora en Calera de Tango, que es una de las 26 comunas adscritas al programa. Las munis, por su litro, se ponen con los recintos educacionales, y hasta un bus recoge a los mocosos desde que sale el sol para llevarlos después, cuando ya el car'e gallo comienza a ocultarse, a sus humildes hogares. La buena onda bajará el telón a principios de marzo, justo a tiempo para reintegrarse a las clases que normalmente cursan en sus colegios habituales.
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