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| 22 de Noviembre de 2002 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Juez le ordenó irse de la casa Se le escapó disparo y dejó coja a su vieja al tratar de suicidarse El cabro que enloqueció de amor comenzó a dejar la escoba apenas el reloj marcó las primeras horas del 28 de octubre. Por un amor incomprendido, una palabra hiriente o la insolente insinuación de un vecino que quería hacerse el chúcaro con su novia, Rodrigo Berríos Acevedo no aguantó tanto sufrimiento y pasada la una de la madrugada decidió cortar de plano su vil tragedia. Armado con el valor del enamorado que prefiere morir antes de cargar con la derrota de un amor perdido, se acercó en puntillas hasta el escondite donde su madre guardaba la escopeta con la que espanta a los cuatreros parralinos y puso el cañón entre sus dientes. Doña María Acevedo, de sueño ligero, despertó con el ruido y sorprendió a su hijo antes que fuera demasiado tarde. "ˇNo, mijito!", le gritó y comenzó el forcejeo. Manotazos iban, manotazos venían, cuando de pronto se escuchó ˇpum! y su vieja cayó al suelo con su pie izquierdo ensangrentado. Como una novela más cebolla que Corín Tellado, el mozalbete fue detenido y encerrado en la celda oscura adonde llevan a los que le pegan a la mamá. Como el delito revestía una pena no superior a 3 años de cárcel, el fiscal Ricardo Encina pidió una pena alternativa para Berríos: que se fuera de la casa. Así, el juez de garantía de Parral, Cristian Soto, dio un plazo máximo de cinco días para que el imputado agarrara sus pilchas, la foto de su ex polola y abandonara la casa de su santa madre, quien por salvarle la vida quedará rengueando por el resto de sus días.
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