De todo hay en la viña del Señor, decía el cura Tato. Por ejemplo, nadie lo podía creer cuando el 5 de junio de 1998 "golpeamos" con el caso del "Mono", un quiltro quillotano ñato, chico, guatón, medio patuleco, con la paila derecha partida, cachetón y del verbo feo que supuestamente hablaba como loro, según su dueño, Isaac Zamora, y familia.
El diario "compró" la historia de que el quilterrier decía palabras como "guagua", "agua", "papá" y "mamá". Pero empezamos a ponernos cachudos cuando su amo explicó que el truco consistía en apretarle el cogote...
Veterinarios y la Sociedad Protectora de Animales pararon las antenas, desmintieron el fenómeno y anunciaron acciones judiciales contra Zamora por maltratar al can y pretender sacar provecho del firuláis, mediante el viejo y sucio truco de presionarle el gaznate. Ahí mismo se le acabó la ilusión de explotar a su "gallina de los huevos de oro..."
Fantasma fleto
Esta también fue buena. Vecinos de Los Angeles juraron de guata el 3 de abril de 1998 que habían visto a un fantasma al que se le quemaba el arroz, o sea, se le quedaba la patita atrás.
Este volátil ente recorría los techos de los palacetes pop de calle Eleuterio Ramírez. Según los afectados, le bajaba la onda de bailar ballet. Otros aseguraron que al enfiestarse cantaba "El que no baila es cola..."
En una de esas veladas bohemias los vecinos se armaron con palos y las féminas con crucifijos para atrapar o exorcizar al coqueto espectro, mientras que un piño de cazafantasmas estaba dispuesto a todo con tal de agarrar al nuevo cuco, que camina como felino y usa sombrero de ala ancha. Al parecer encontró un fantasma soplador de nuca y nunca más se supo de él.