El 25 de enero del 2000, un céntrico peladero ubicado en la esquina de Moneda y Bandera se convirtió en una ganga para los ojos de los cuarterinos, cuando la escultural actriz Daniela Tobar, de tiernos 21 años, comenzó a vivir como si fuera su hogar en una minúscula casa de vidrio de 4 por 2 metros.
Esta "obra artística", denominada "Nautilus, casa transparente", fue financiada por el Fondart, costó 5 millones 290 mil pesos y dejó con la sopaipilla hirviendo a los sapos y califas -la mayoría oficinistas y gomas- que pasaban mañana, tarde y noche mirando cómo Daniela se duchaba desnuda, se sentaba en el retrete para hacer pipí y ponía sus calzones. Sostenes no usaba porque no los necesitaba.
La movida creada por los arquitectos de la Universidad Católica Jorge Cristi y Arturo Torres debía durar 2 meses, pero Daniela decidió pescar sus pilchas e irse, porque los pasados para la punta aprovechaban cuando salía a su pega para agarrarle el poto y tirar las manos como pulpo. Debido a lo anterior, la cototuda actriz pidió dos veces protección policial a Carabineros.
A lo anterior hay que agregar que el abogado René Trincado presentó en el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago una querella por ultraje público al pudor y las buenas costumbres contra Daniela.
Tras la ida de Tobar, el 5 de julio la casa de vidrio fue ocupada por el actor y profesor de teatro Víctor Hugo Ogaz, causando mucho menos conmoción que la Danielita, porque era un guatón feo.
Tras dos semanas de ajetreo, el 8 de febrero los arquitectos comenzaron a desmontar la casa.