La instalación de un pene gigantesco de 4 metros de altura en Machalí, en homenaje a una presunta cultura preincaica asentada cerca de esa comuna de la Sexta Región y anunciada en la portada de "La Cuarta" el 27 de enero de 1999, dejó la escoba entre los 27 mil machalinos cuando conocieron los detalles de esa inédita obra de arte, que fue financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo de las Artes (Fondart).
La comunidad quedó horrorizada cuando leyó que el escultor rancagüino Mauricio Guajardo, de entonces 23 años, estaba construyendo un monumento al cíclope para plantarla en medio del camino que une a Machalí con la Ruta 5 Sur.
La mansa huasca, según Guajardo, era a prueba de balas y pretendía homenajear a los indios "moches", los que tras huir desde Perú, arrancando de una revolución, se arrancharon en la cordillera de Los Andes, por el año 700 D.C., y construyeron un místico oráculo precolombino con forma de chipote de 12 metros de altura.
Según el artista, la goma le iba a subir el pelo a Machalí, atrayendo turistas y a la prensa nacional y extranjera. En una entrevista con este diario, el propio Guajardo aseguró que la instalación de la guaraca hecha en granito azul sería también un homenaje a los indios que dieron nombre a la comuna, puesto que el templo de los moches era conocido como Malchaulil.
Sin embargo, la gallada de esa comuna ubicada a 95 kilómetros de Santiago, consideró que la obra de arte era vergonzosa, de muy mal gusto, degenerada, vulgar, poco representativa y que, incluso, era producto de intereses de un rebaño de fletos de Machalí.
Los desacuerdos entre las autoridades no permitieron que la obra permaneciera en el espacio público. Finalmente, un particular la adquirió y pasó a la historia.