Cinco años con el cadáver de su hija en un galpón del patio donde tenían una funeraria pasó un modesto matrimonio de La Granja.
La noticia, publicada el 28 de enero de 1994, impactó por su hondo contenido humano cuando uno de los hijos varones de la pareja formada por Jaime López y Carmen Alarcón, de nombre Jaime Danilo, alertó que sus padres tenían el cuerpo de su hermana, Bárbara Estrella, de 18 años.
La muchacha había muerto en 1983 a causa de una malformación pulmonar, siendo sepultada en el Cementerio Metropolitano, pero una petición de sus progenitores para trasladar sus restos hasta Cauquenes permitió que después de la exhumación, la urna quedara en la familia, la que decidió conservarla consigo.
Así pasaron años, en los cuales cada mañana su modesta madre limpiaba el féretro y le colocaba flores frescas, además de rezar a su lado.
"Sí, es verdad que cuido el cuerpo de mi hija aquí. Lo tengo porque la adoro y es mi hija", señaló entonces, con total normalidad, la mujer.
La denuncia de Jaime Danilo, junto con poner en conocimiento de este insólito caso a la justicia, develó un conflicto tal que llevó al Décimo Juzgado del Crimen a citarlos a comparecer.
Al final, la magistrada Cecilia Venegas Vásquez determinó que los restos de la muchacha debían ser nuevamente sepultados.