La soledad que experimentaba Silvia Gómez Pizarro (45), la llevó a hacerle caso a una prima avecindada en Australia, quien le recomendó buscar como fuera un compañero.
Tranquila y quitada de bulla, a los eventuales pretendientes les costaba acercarse a ella, porque los rehuía, en parte por la formación que le había dado su abueli, con quien vivía entonces.
Pero igual su cucharón la hacía soñar con un príncipe azul, así es que se armó de valor y contestó un aviso publicado en La Cuarta Era 1998.
En él, su Adonis se describía delgado, tranquilo como ella y enemigo del alcohol, todos rasgos que buscaba en su pareja ideal. Por eso, se decidió y respondió. Bastó una sola carta para "engancharse".
Rápidamente obtuvo respuesta y se pusieron de acuerdo para conocerse. Como ella venía de algunas malas jugadas del destino, quiso asegurarse de inmediato y por eso, en vez de escoger un lugar equis para juntarse, enfiló directo y sin vacilar a su pega, en la Casa Royal.
"Yo escribí varias veces y en una oportunidad quedamos de juntarnos con un posible candidato en Avenida Matta con San Diego, pero me dejó plantada. Por eso me dirigí a su trabajo, para que no nos fuéramos a equivocar de persona tampoco", indica.
Apenas cruzó el dintel de la puerta y preguntó en el local por Sergio Enrique Barrera Rivas, sintió mariposas que revoloteaban en su estómago y una especie de nube sobre la cual se depositaron sus pies.
"Nos gustamos altiro. Salíamos los domingos y como éramos solteros, compartíamos harto", agrega. Así pololearon un año hasta que el 14 de enero del 2000 se casaron por el Civil. A los doce días lo hicieron por la Iglesia, formalizando completamente su relación.
Ahora, cuando ambos cuentan su historia de amor, todos les piden que "pasen el dato", porque asegura que aunque han tenido sus peleas, el hombre le salió "tan bueno que no lo cambio por nada en el mundo".