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| 13 de Marzo de 2002 | |||
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Quemó casa de sus taitas para probarles que no era invisible En este ultimo lugar hay un retén de Carabineros, donde a la hora en que sucedieron los hechos estaban terminando de almorzar un sargento y dos mangas lisas. Ya se estaban sorteando quién lavaba los platos cuando se recibió un llamado del monte y una voz anónima dijo que en tal lugar un tunquino, de los de arriba, había armado un tremendo alboroto y que a la hora del despacho telefónico no sólo tenía aterrada a su parentela, sino que también a los vecinos. Prestos a cumplir con el deber, los verdes montaron sus corraleros y galoparon hasta el sitio del suceso. Al llegar, se dieron cuenta que una folclórica casita de adobes y techo de calaminas ardía como brasero a media tarde. Apenas aparecieron los jinetes una mujer corrió hacia la autoridad y les dijo que el causante del incendio de la casa solariega de los García-Reyes, era su propio primogénito, el mayorazgo de la familia, que seguía en el lugar, saltando en dos patas y animando a las llamas, con griterío de indios. "Fue el Tomás Enrique, mi sargento. Mi hijo. Se fue al dormitorio y armó una fogata en el colchón, de puro malo que es", denunció doña Helena Lucía Torres, ahogándose en lágrimas. El resto fue pan comido. Los policías se acercaron al incendiario, que desde hace 47 años le amarga la vida a su maire, y se lo llevaron en vilo hasta el cuartel donde apenas llegaron, le hicieron la pregunta del millón.
Y así quedó establecido en el parte.
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