06 de Marzo de 2002
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Por "lamentable error", albañil esperó resignado, junto a su mujer y amigos, que se lo llevara la "Pelá"
Salió de consultorio con papelito que anunciaba su muerte al día siguiente

Francisco Salazar no la cuenta dos veces. Después de mandarse un porrazo tradicional, leyó en el parte médico un diagnóstico fatal y, resignado, esperó su partida de este mundo cruel.

(Foto: Humberto Peragallo)

El domingo 24 de febrero, mientras los peques del barrio refrescaban sus humanidades bajo el generoso chorro de un grifo, el maestro albañil de 41 años Francisco "Poncho" Salazar Valladares se sentó a esperar que el reloj marcara las 13 horas para morir, como lo aseguraba un diagnóstico médico.

En su pequeño departamento de la villa Los Quillayes de La Florida, sentados en la cama matrimonial, él y su esposa leyeron el fatídico pronóstico en el informe que el Servicio de Atención Primaria de Urgencia (Sapu) del barrio había emitido la tarde anterior, después de que Poncho recibiera atención de urgencia por un accidente doméstico.

Famoso por la calidad de su trabajo y su voluntad de orégano, el sábado 23 una vecina le pidió socorro para abrir la puerta cerrada con llave de su departamento, para lo cual se encaramó a una escalera de aspecto confiable.

Sin embargo, perdió el equilibrio y se mandó de espalda el loro desde una altura de dos metros, golpeándose la popularmente llamada "colita".

Lo llevaron al Sapu Los Quillayes, a un par de cuadras de su domicilio, donde lo atendió una "muy simpática doctora" que le recetó una inyección de nombre indescifrable para él.

"Me dijo que después de ponérmela, no me debía dormir en 5 horas, porque me iba derechito al patio de los callados", narró el maltrecho, que en aquellos minutos de dolor, respiró hondo, sacó fuerzas de flaqueza y entregó resignado su carapálida al acto perforatorio.

"Cuando llegué a mi casa me sentía Malena. Me tocaba aquí y me dolía. Me tocaba por acá y me dolía. Me tocaba más allá y me dolía. Así es que me acosté y aguanté el sueño, como me dijo la meica, hasta que me dormí", recuerda.

A la mañana siguiente, se sentía peor y su esposa volvió a revisar el parte médico al que no le habían hincado el diente la tarde anterior.

Enorme fue la impresión de ambos cuando leyeron clarito el diagnóstico "por fallecer a las 13 horas".

"Con el notición, casi nos morimos yo y mi señora una hora antes. Menos mal que tenemos el corazón bueno, porque la impresión fue tremenda", continuó el albañil.

Le contaron a todo el vecindario. Mientras unos entonaban el bolero que versa "reloj no marques las horas", otros ya juntaban monedas para el funeral.

Pero en medio del caos, dado que "el vecino" ni pensaba en pronunciar sus últimas palabras, ni veía túnel de luz alguno, surgieron voces incrédulas que recomendaron una segunda opinión, así es que partieron en patota al Sapu, donde aclararon el entuerto.

"Por supuesto, no me morí, pero casi me voy cortado de espanto. Imagínese que parecía cuenta regresiva de año nuevo, con la diferencia que en lugar de festejar, cuando diera la hora, todos nos íbamos a poner a llorar", relató el sobreviviente.

"Lamentable error"

Al filo de cumplirse el plazo fatal, el maestro Poncho, su señora, la presi de la junta de vecinos y la gallada del barrio se dejaron caer en el Sapu Los Quillayes, donde no les ofrecieron mayor disculpa.

El protagonista de la historia, digna del realismo mágico de García Márquez, dijo que en el lugar le explicaron que el calco del parte anterior, que decía "paciente fallece a las 13 horas", se había pasado al suyo y punto.

El lunes pasado, Francisco Salazar se dirigió por tercera vez al centro asistencial, donde cuatro facultativos, después de exponer puntos de vista y constatar los signos vitales de Ponchito, diagnosticaron el síndrome de "cuerda para rato" y versearon que se trató de un "lamentable error".

El Departamento de Salud de la Municipalidad de La Florida inició una investigación para recavar todos los antecedentes del "lamentable error", hallar a los responsables y determinar eventuales sanciones, que pueden ir desde cursos de caligrafía para todos los doctores del servicio a sumarios administrativos.


 
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