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| 09 de Febrero de 2002 | |||
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Se salió con la suya durante 10 meses, hasta que lo alcanzó el largo brazo de la justicia Capataz mató jefe y simuló suicidio para quedarse como administrador del fundo José Luis Aguayo Acuña, casado, de 52 años y administrador del fundo "El Rosal", murió el 15 de abril del año pasado de un disparo a manos de su capataz en el interior de la hacienda, un día después que le diera la PLR por flojo y sacador de vuelta. En un primer momento el hecho fue caratulado como suicidio, pero la esposa del finado y los trabajadores del fundo, ubicado en el sector Muninque, a 15 kilómetros de Mulchén, nunca se resignaron a creer que el hombre se había autoeliminado. En aquella oportunidad y tras el funeral, la mujer dijo a La Cuarta que José Luis no tenía motivos para quitarse la vida y siempre aseguró que "alguien cercano" lo asesinó. La magistrada del Juzgado de Letras de Mulchén tampoco se tragó la hipótesis del suicidio, pero las características del hecho (no hubo testigos y las únicas huellas dactilares en el arma eran las del difunto) apuntaban a que el administrador del fundo se había disparado.
Se salió con la suyaSin embargo, a las semanas siguientes la hipótesis del suicidio comenzó a desinflarse y las sospechas cayeron sobre el segundo de a bordo, Guillermo Saavedra, de 19 pepas, conocido como "El Chico", ya que seguía botando lágrimas de cocodrilo y aún hacía pucheritos por la muerte de su patrón.Como era lógico, el dueño del fundo no tenía idea de que el fallecido había despedido a Saavedra, quien por antigüedad agarró temporalmente la pega de su ex jefe y quedó a cargo de la funcia lechera. Fue así que con el tiempo "El Chico" fue ratificado en su cargo como administrador del fundo, pega que le duró hasta la semana pasada, cuando fue detenido por la Brigada de Homicidios, acusado de ser quien asesinó a su ex patrón.
Una cruel venganzaTras recibir una orden amplia de investigar, los detectives supieron que el día anterior al crimen, el finado y el asesino habían estado bebiendo en el club social de Muninque, donde se agarraron a aletazos. Por lo anterior, el administrador le dio el sobre azul a Saavedra.Como los detectives de Conce son muy vivos para sus cosas, decidieron investigar cómo habían sido los últimos días de Aguayo, con el fin de descubrir si había algún hecho que pudiera haberle costado la vida. De esa forma, cacharon lo de la mocha, por lo que interrogaron varias veces a "El Chico", quien siempre se fue de negativa, usando como cohartada que al momento del crimen estaba en otra ciudad. Pero como se pilla más fácil a un mentiroso que a un ladrón, los detectives supieron que el día del crimen Saavedra estaba en Muninque, gracias al comentario de un huaso del sector que señaló que él le había prestado un caballo al asesino, "para ir a buscar sus herramientas, porque el patrón lo había echado". Frente a ello, a Guillermo Saavedra no le quedó otra que contar la pulenta y confesar que odiaba sin medida ni clemencia a su jefe, y que lo mató para quedarse con su pega. Trascendió que el sentimiento se fue agudizando porque su patrón lo trataba como las brevas, le gritoneaba y ordenaba que se quedara trabajando horas extras sin recibir ni un mango ni vale de turno. "Lo detestaba. No lo podía ver", dijo el detenido a los polis, a quienes también relató que usó la escopeta del propio finado y que luego del mortal pencazo, limpió el arma con un trapo para no dejar sus huellas y la puso en la mano de su ex patrón, pasando todo lo narrado.
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