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Linda la atención en el San José
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- ¡Aló, caballero! No le voy a dar nombres, pero sí los hechos... ¡Iiiiggg...!
- Chuta, ¿qué le pasó, señora?
- Sucede que soy asmática y el martes 29 de enero pasado llegué casi arrastrándome al Hospital San José, con una terrible crisis. Y cuando el médico estaba por atenderme, llegaron unos pacientes amigos y me dejó para más rato.
- Uuuuh... ¿Y usted ahí, ahogándose?
- ¡Terrible, oiga! Estaba más morada que una ensalada de betarragas. Una enfermera le avisó al doc, pero se enojó, la mandó a la punta del cerro y muy suelto de cuerpo le dijo que él sabía lo que hacía y punto.
- Qué bonito, ¿ah?
- Así como estaba me fui caminando apenas hasta el Jota Jota Aguirre, donde me atendieron inmediatamente. ¿Se imagina que me muero? ¿Quién le responde a mi familia?
- El ministro de la colita podría tirar algunas orejas.
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Igual pagó parte mula en El Tabo
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- ¡Aló, señor! Soy Viviana Pérez y los llamé hace como dos semanas por un parte que me llegó de El Tabo, donde no he andado ni por siaca.
- ¿Y arregló el asunto?
- Nada. Fui a hablar con el juez, pero no me recibió, porque tenía que hacer un informe explicando mi problema y recién ahí me iba a dar audiencia. Creo que ni estaba en el tribunal. Después partí donde el alcalde, que tampoco me atendió.
- Quizás andaban mojándose las patitas en el agua.
- Cada uno es libre de pasar sus vacaciones como quiera, pero encuentro que esto es un abuso. Yo vivo en Peñalolén y no voy a estar viajando cada vez que ellos quieran. Ah, y tuve que pagar 29 mil pesos o me llevaban presa. ¿Qué le parece?
- Muy feo, pues. Nadie puede andar pasando partes al tuntún.
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Micrero abusador con un abuelito
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- ¿La Cuarta, la que defiende a los adultos mayores?
- Ecole, tatita. ¿Qué le ocurrió?
- Que el otro día pasé un tremendo susto y como sufro de la cuchara, capaz que me hubiese despachado. Había ido al J. J. Aguirre justamente a un control, y de vuelta tomé un bus de la línea 327 patente NK-1048. Cuando estaba por llegar a mi casita, toqué el timbre y no pasó naipe. Entonces golpeé el techo y el tonto me paró una cuadra más allá.
- Típico de algunos machucados.
- Espérese. Cuando me bajé, este matón me siguió con un fierro para pegarme, furioso porque le había golpeado el techo. Comenzó a insultarme y traté de defenderme, pero mi corazoncito no me acompañó. Ya tengo 76 años, pues, mijito.
- Tranquilo, tata. Seguro que este prepotente no es capaz de meterse con alguien de su edad, por eso que se agranda.
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Quique Muñoz Silva busca familia
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- Permiso, caballero. Vengo a pedir ayuda para encontrar a mi familia.
- ¿En qué juego la perdió?
- No, si hace 53 años que no la veo. Soy Enrique Muñoz Silva y tengo 58. O sea, me separé a los cinco, por problemas económicos y familiares. Eramos una pila de hermanos y vivíamos en una casa muy pequeña.
- ¿Algún datito de los suyos?
- Recuerdo que mi padre se llamaba Mario Muñoz y mi mamacita, María Silva. Ella trabajaba como suplementera en la Plaza de Armas de la capital.
- ¿Dónde se le avisa, compadre?
- Vivo en Rancagua, pero pueden llamarme al 09- 596-6548, 09-771-6293 o dejar recados en el (72) 670-733. Ah, y publique esta foto mía, por si me reconocen. Gracias.
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