04 de Febrero de 2002
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Hoffens y Herrera todavía se ablandan a chuletazos


Cuando Héctor "Chico" Hoffens y Leonel "Chuflinga" Herrera eran unos pergenios se aforraban cachamales, se tiraban hondazos y se agarraban de las mechas. Crecieron y siguieron en la misma, pero dentro de la cancha.

Ahora que van para teclitos las cosas no han cambiado mucho, todavía no se tragan ni con vaselina. "Claro, es que es mala leche, aún ahora sigue igual", comenta Hoffens de su rival, con el que tuvo un encuentro en seniors por una liga de barrios hace unos días y el resultado fue una ensalada de chuletas.

Uno azul, azul, azul, el otro indio hasta los huesos, durante los súper clásicos de los 80' se dieron con tuti, onda que cuando entraban a la pastosa el "Chico" y el "Chuflinga", tenían su mocha aparte.

Y todo valía: codazos, planchas, agarrones, paradas de carro y focas por la prensa. Herrera hace unos años y ya retirado del peloteo profesional señalaba que si veía a Hoffens por la calle, igual le aforraba por si acaso.

No por nada le decían el "zapatitos con sangre" a Herrera, que además de repartir aletazos en el Colo, también practicó kung fú con los colores de la Unión. Bajo el lema "o pasa la pelota o pasa alguna parte del jugador, pero nadie sale ileso", Leonel no se hacía atados a la hora de marcar sus estoperoles en el corpacho del rival.

Pero como nadie es perfecto, el "Chuflinga" se encontró en una de esas con la horma de sus chuteadores. A principios de los 80', se vio el caracho con otro artista de las chuletas, un desconocido delantero de Deportes Iquique: Jaime "Pipí" Carreño.

Todo el Nacional fue testigo del baile que le dio Carreño a Herrera, el par de chuletas y hasta un codazo que le metió en la sanguchera. Pero los duros no lloran.


 
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