Un taxista se encuentra detenido en la ex Penitenciaría, desde la madrugada del domingo, cuando al precio de su sangre defendió a tiros su granja y su familia de una partida de comanches que, como coyotes rabiosos, asaltaron su hogar armados hasta los dientes, en la comuna de Maipú.
El colono Juan Domínguez Barrera será puesto hoy a disposición del 20 Juzgado del Crimen, cuyo juez deberá decidir si lo pone en libertad en virtud a la ley de legítima defensa, o lo somete a proceso por los delitos de lesiones graves en perjuicio de Carlos Cabezas Silva, de 19 años, y Eduardo San Martín Espinoza, de 20, dos de los tres delincuentes capturados por carabineros de la 52 Comisaría después del asalto.
Cabezas y San Martín, ambos con antecedentes policiales por robo y tráfico y consumo de drogas, permanecen internados en la Posta Central, recuperándose de las heridas que recibieron durante el frustrado asalto.
Los hechos, según Elba Hidalgo Ramírez, esposa de Domínguez, quien se gana la vida conduciendo una diligencia con los colores reglamentarios, se iniciaron cerca de las cinco de la madrugada, cuando sus hijos Juan y Manuel, que dormían en el segundo piso de la vivienda de calle San José 1893, de la villa San Luis, escucharon ruidos y comprobaron que dos comanches trataban de llegar hasta las ventanas del dormitorio.
"Los niños fueron a despertar a mi marido, y él bajó al living con su Colt lista para escupir plomo. Iba a descorrer las cortinas cuando los asaltantes comenzaron a disparar. Una de las balas le dio en el hombro pero Juan respondió el fuego. Se armó un tiroteo terrible. La puerta quedó como colador, los vidrios saltaron en pedazos y hasta el equipo de sonido pagó el pato. Recibió un flechazo envenenado en el CD, y una lanza emplumada calibre 38 enmudeció para siempre uno de los parlantes", dijo la mujer a La Cuarta, el diario pop que llega a los asaltos cuando el aire aún está impregnado por el olor a pólvora.
Atraído por el tiroteo llegó hasta la casa a prestar ayuda y pecho fraterno el vecino Alejo Praiz. Aún con los nervios de punta la familia y el compadre estaban comentando el ataque cuando los delincuentes regresaron con refuerzos y comenzó un nuevo enfrentamiento, durante el cual Praiz recibió un balazo en su muslo izquierdo. Esta vez el dueño de caso decidió ponerle punto final al leseo y se armó con una Winchester de repetición y luego de recuperar a tiros el control del antejardín y la calle, se subió al taxi y persiguió a los comanches, los cuales finalmente cayeron en una emboscada que les tendió la caballería cuando huían heridos por la pradera, tratando de cruzar el Río Grande.