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| 21 de Enero de 2002 | |||
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El diario pop presenta a los "craks" extranjeros que han dado la hora en Chilito En equipo de los mula, el "Pícaro" era capitán Luis Alvarado
Agrandados con la gracia del "Bi", los chunchos bacaneaban en Yanquilandia, haciendo la pretemporada en el Rancho de Nick Bolletieri cuando se enteraron de la pomada. A Socías se le cayó el pelo, agarró sus pilchas y regresó a Chilito para aclarar el asunto. "No estaba en mi lista", dijo con cara de plop cuando recibió la noticia y después agregó: "Necesitamos un goleador, un tipo de área y cabeceador. Por los antecedentes que tengo, él lleva un año sin jugar, no lo conozco". Pero los dirigentes se reían solitos, creyendo que la estaban haciendo de oro con la contratación del año. Incluso prefirieron al trasandino antes que al consagrado Víctor Hugo Aristizábal, que costaba 500 mil machacantes gringos. El pase del "Pícaro" costaba lo mismo y su préstamo unos 50 mil dolaretes. Proveniente de Gimnasia y Esgrima, se lo llevó Vélez Sarfield a donde llegó a puro calentar la banca, convertido en el quinto delantero. "Me muevo por todo el frente de ataque, pero por preferencia por la izquierda, voy bien arriba" comentó el pibe al pisar nuestro terruño. No mentía, pero le faltó agregar que la pelota le hacía el quite y que no le achuntaba ni en bajada. Finalmente los dirigentes azules le bajaron la cortina a Socías por armar cuática -abandono de trabajo le pusieron-, trajeron al técnico Miguel Angel Russo y dejaron a Fernández. El "Pícaro" fue parejito y guateó de entradita. En la pretemporada, la "U" hizo menos goles que perico cacho de paragua. Mientras, la hinchada se tomaba la cabeza cuando el "che" agarraba la pelota: picaba, encaraba y... se tropezaba. Como este, los casos sobran en el fútbol chileno. Nombres como Wagner, Oscar Román Acosta, Gustavo Badell, Miguel Angel Cisnero o Alejandro Simeonatto fueron traídos como la salvación en distintos equipos, gastándose la turrada de monedas en medio de la expectación de los hinchas y la presa. Después resultó que no jugaban ni al Loto, o se lesionaban hasta con el viento. Por eso el diario pop presenta los casos más emblemáticos de estos insignes entre comillas.
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