- ¿"La Cuarta", la milagrosa?
- Como Lázaro, que resucitó de entre los muertos. ¿Cuál es el suyo?
- Anduve por ahí, porque si no es por una vecina, estaría muerto. Le cuento altiro. Soy Gabriel Baeza, 49 años, suboficial de reserva de la Fuerza Aérea, locutor de la radio Yungay y arrítmico total, cómo será que esta Navidad me desperté a las 5 de la madrugada con un tremendo dolor en el pecho.
- Uuuuh...
- No tenía el remedio, jefe, el Amparax sublingual. Ya no veía, me ahogaba y como pude le avisé a la señora Viviana Alvarado, que en mi camioneta me llevó al Sótero del Río, pero no me servía de nada, porque lo único que me salvaba era ese medicamento que le dije .
- Chuuu...
- Espérese. Yo vivo en el paradero 22 de Vicuña Mackenna y llegamos hasta Puente Alto, buscando una farmacia. Había varias abiertas, pero en ninguna tenían el remedio. En resumen, iba morado, completamente asfixiado, muriéndome. Y no sé cómo llegamos a la Posta 4, de Ñuñoa.
- Al lado hay una farmacia, pues.
- Claro, pero tampoco había. Por suerte, se acordaron de que lo venden en la Conosur de la Plaza Egaña, hasta donde llegamos con escolta de Seguridad Ciudadana, en el móvil 3, con el carabinero Germán Quinchamán Huanel y el inspector municipal Ernesto Alegría.
- Casi no la cuenta, mijo.
- Oiga, con balizas partimos para allá, esos fueron los minutos más valiosos, porque me salvaron de una muerte segura. Y como soy un ex uniformado y cacho que este tipo de acciones son porotos a favor, me gustaría que la acción de este personal de Seguridad Ciudadana se incluya en sus respectivas hojas de vida. Gracias, se las mandaron.