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| 27 de Diciembre de 2001 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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Dos horas dura recorrido por las galerías que se hunden bajo el océano Ahora es atracción turística Sacándole el jugo a la veta turística, en diciembre de 1998 se abrió el paseo por galerías y pabellones de las minas cerradas, donde el visitante conoce, a través del relato de un ex minero que hace de guía turístico, parte de la historia de la ciudad, las duras condiciones de trabajo que tenían en el siglo XIX y a inicios del XX y una serie de anécdotas de los hombres que dejaron sus vidas entre cavernas de un metro de altura. Aperados con casco, zapatos de seguridad, buzo azul y un cinturón para acarrear las pesadas baterías de la linterna, se desciende en menos de 2 minutos a través de una especie de ascensor llamado la jaula y se inicia el recorrido de dos horas por la oscuridad del pique y la luz de la historia. Se suma a esta movida la visita al Parque Lota, un pulento jardín de 14 hectáreas construido en 1870 por Isidora Goyenechea, esposa de Luis Cousiño, de la familia de palogruesos que pusieron el billete para iniciar la explotación del mineral. El patio es un manso parque lleno de esculturas traídas de Europa y especies de plantas y árboles de todo el mundo. Otro imperdible es el museo de Lota, una casona junto al parque que fue la casa del médico de la familia Cousiño y testimonio de parte fundamental de la historia de nuestro país, por los objetos que en se encuentran, como la indumentaria de trabajo de los obreros, muebles de época y fotografías estremecedoras de los niños chinchorreros. Una caminata por las calles sirve para apreciar las coloridas casas que albergaron a los trabajadores, viviendas pareadas que tienen en el frontis un corredor común para todas.
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