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| 27 de Agosto de 2000 | |||
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Le encargó llevarle dinero a su mujer y víctima aprovechó de tirarse al dulce
El homicidio ocurrió el jueves pasado, en un predio forestal que se explota en las cercanías de la comuna antes mencionada. José C.M., de 54 años, y Juan V.Z., de 42, ambos con domicilio en Curepto, en el sector costero de Talca, eran trabajadores forestales temporeros y habían formado una sólida amistad, desplazándose por las zonas donde se efectúan tareas de tala de bosques. Ahora llevaban más de dos meses en el sector de Lebu y nada hacía presagiar que la amistad entre los dos trabajadores iba a terminar en tragedia. De acuerdo al contrato que tenía con sus empleadores, cada 15 días salían tres con permiso, tiempo suficiente para regresar a su pueblo a juntarse con su familia. Por obligación del contrato, los dos trabajadores no podían disfrutar los mismos días de feriado. Juan V.Z. fue sorteado para salir primero con el permiso. Aprovechando esta coyuntura, José C.M. creyó oportuno mandar con el amigo un encargo a su mujer, al parecer, dinero para que sobreviviera en su ausencia. El hombre cumplió la misión y cada vez que tenía asueto, llegaba donde la esposa de su amigo a entregarle el sobre correspondiente. Cumplió con tal vocación de amistad y responsabilidad los encargos, que comenzó a gustarle la señora de su compañero, que, según los informes de vecinos, representaba muchos años menos de los 40 que anotaba su cédula de identidad. A la tercera visita, ya se había armado el idilio. En Curepto, todos se conocen y esto va aparejado con que nadie puede hacer nada en secreto. No hay reserva y lo que no se sabe, se inventa. Esta relación clandestina se descubrió antes que se iniciara. Vieron entrar dos veces al fulano y partió maledicencia y para que "pelaran con razón", los vecinos se convirtieron en amantes. Quince días más tarde llegaba a su casa José C.M., haciendo uso de su descanso. No abría aún la puerta de la vivienda cuando ya le habían llenado la cabeza de cuentos. Convertido en una fiera, aclaró la situación con su mujer, la que reconoció la amistad clandestina, pero minimizó y contó una historia que en cierta medida llevó calma al alterado corazón del trabajador. Dijo que el amigo la había intentado ultrajar dos veces y que a la tercera, se tuvo que "entregar" porque el hombrón la amenazó con cortarle el cuello con un cuchillo. El lunes, apenas regresó a la pega, salieron los dos amigos al bosque y, después de una hora de faena, José C.M. se acercó a quien fuera su inseparable "yunta", enrostrándole con furia la deslealtad. Acto seguido, levantó el hacha y la dejó caer en la cabeza de Juan V.Z., dándole muerte en forma instantánea. El homicida soltó el implemento y huyó. A los pocos minutos los otros componentes de la cuadrilla encontraron el cadáver y dieron aviso a la policía. Una hora después era detenido en la terminal de buses de Lebu el autor del asesinato. Aún tenía en su vestuario huellas de la sangre de la víctima. No puso objeciones en contar lo que había sucedido y fue puesto a disposición de la justicia.
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