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| 13 de Agosto de 2000 | |||
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Ex jefe lo tenía para la paipa molestándolo por su tremenda ponchera
Se trata de Leonardo González, de 26 años, casado y padre de dos cabritos, quien recibió el sobre azul, según él, por tener guat'e lápiz y más rollos que una chantada de cuncuna. El guatusi se ganaba los completos como vendedor en la empresa contratista, donde alcanzó a trabajar seis meses antes de que le dieran la PLR por poncherudo. Denunció que durante ese período fue víctima de permanentes humillaciones de parte de su jefe, S.R., quien -según el afectado- siempre lo pelaba por andar con las charchas colgando. Es más, el patrón lo mandó al doctor, a fin de que le diera pastillas para bajar la guata, pero el remedio salió peor que la enfermedad. Ello, porque le recetaron unas pastillas que lo dejaron para la corneta, ya que le afectaron el sistema nervioso e hicieron que le creciera una guata como la que se gasta el Gato Félix: Comenzó a sufrir de ansiedad. El cumpa llegó a pesar 130 kilos, pero nunca se inmutó porque siempre se destacó por ser un empleado ejemplar y el único que ganaba suculentas comisiones por su eficiente pega, ya que tiene cualquier pasta para las ventas. Sin embargo, en diciembre del '98 fue despedido y firmó el finiquito que sólo decía "término de contrato". Pero como se gastaba una suerte igual o más grande que su guatita, el hombre encontró pega en otra empresa contratista de la distribuidora de gas, cuyo jefazo, según él, recibió una llamada de su antiguo caporal, quien le recomendó que también lo echara con viento fresco, "por ser un mal elemento". La petición de su ex patrón fue acogida, por lo que nuevamente fue despedido en marzo de este año. Por esta situación, dijo que presentará acciones legales, ya que nunca había sido víctima de tamaña humillación. Ni siquiera cuando jugaba como delantero en el club deportivo "Juventud Chorrillos" de Viña del Mar, donde igual metía goles, a pesar de arrastrar la guata por el pasto y comerse siete sánguches de potito, media docena de empanadas, cinco berlines y un saco de maní antes de entrar a la cancha. Actualmente el cumpita pesa 110 kilos y tiene que caminar más que mormón sin plata para la micro para encontrar ropa que le entre, ya que usa talla 58. Pese a que este tipo de discriminación laboral es difícil de tipificar, el diputado Avila se comprometió a apoyar al sociate en las acciones legales que presente ante la justicia.
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