IGUAL DE OBSESIVO: Christine, el auto maldito, tenía una enorme capacidad para matar.
Santiago, Martes 24 de Noviembre de 2009|U.F.$21.017,51|Dolar:US$ 494,51|Santoral:Flora, Andrés Dung-Lac|
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Sergio Agüero, su novia y dos amigos se encontraban en su auto frente a un acantilado cuando fueron embestidos por una camioneta
Policía che no pescó denuncia y tampoco siguió a vehículo maldito cuando pasó frente a comisaría.
IGUAL DE OBSESIVO: Christine, el auto maldito, tenía una enorme capacidad para matar.
¿Quién no se acuerda del Plymouth Fury modelo 1958 que le dio vida a Christine, el auto diabólico, un objeto que cobra vida, se regenera a voluntad y elimina a aquellos que tratan de destruir o interponerse entre su propietario y la máquina?
Sergio Rodrigo Agüero Ruiz (30), vecino de la localidad de Río Bueno, lo único que anhela es olvidar al engendro ya que la noche del viernes 7 de noviembre estuvo a punto de morir, junto a su novia y dos de sus amigos, a manos de una camioneta aún más perversa y criminal que la obsesiva máquina inmortalizada en el cine por John Carpenter.
Ese fin de semana el grupo de amigos cruzó la cordillera con el fin de divertirse y relajarse en San Carlos de Bariloche, la zona de los Lagos de nuestro vecinos.
Viajaron en un automóvil Suzuki Modelo Alto y la tarde de ese día, luego de pasar por una farmacia a comprar medicamentos, se dirigieron hacia la Costanera para admirar cómo las olas se estrellaban contra las rompientes. Para ello se instalaron al lado del patinódromo, de cara al acantilado.
"Era cerca de la medianoche y disfrutábamos del espectáculo cuando sentí un topón en el parachoques trasero. Pensé que nos habían alcanzado casualmente y toqué la bocina para advertirle al conductor de una camioneta Ford, patente SNB-943 blanca y azul, que tuviera más cuidado", recuerda Agüero.
Sergio no lo sabía, pero el horror recién se iniciaba. Un escalofrío recorrió las espaldas de los turistas cuando recibieron una nueva embestida, aún más fuerte que la anterior.
Entonces se alarmaron, pero este sentimiento se transformó en terror y pánico cuando se percataron que la camioneta, con toda su potencia ¡intentaba empujarlos para que desbarrancaran!
Con la sangre a punto de helársele de miedo en las venas, Agüero echó mano a toda su pericia de tuerca y logró zafarse de las arremetidas, que se repitieron una tras otra y escapar hacia la Costanera.
Vano empeño porque al mirar hacia atrás sus compañeros de aventura advirtieron que el satánico vehículo conducido sin duda alguna por un sicópata o algo peor, los seguía a corta distancia, a toda velocidad, quemando gomas en rectas y curvas.
"Trató de sacarnos de la carretera, de hacernos un finito para que volcáramos, en fin. Ese conductor quería matarnos a como diera lugar", sostiene el sobreviviente.
Por fin los chilenos lograron sacarle ventaja y perderlo. En el primer cuartel de Gendarmería que se les puso por delante se detuvieron a denunciar el atentado. Allí los atendió el oficial Carlos Currecoi, quien no hizo absolutamente nada.
"Peor aún. Mientras conversábamos en el frontis pasó frente a la comisaría la camioneta diabólica, y a Currecoi no se le movieron ni las pestañas", recuerda emputecido el paisano.
La denuncia también quedó estampada en el Libro de Oro del consulado chileno en Bariloche.
"Ese monstruo nos echó a perder el fin de semana. Del resto de la gente no tenemos nada que decir. Pero se me paran los pelos cuando pienso en que por ese maravilloso paisaje anda suelta una camioneta sedienta de sangre", tiembla Agüero.
Manuel Vega O.
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